Opinión

El centenario de la gesta Plebiscitaria

Por: Víctor Andrés García Belaunde

El 5 de agosto de 1925 se iniciaron los trabajos de la Comisión Plebiscitaria en el puerto de Arica, que estuvo presidida por el general norteamericano John Pershing e integrada por Agustín Edwards McClure como representante de Chile y Manuel de Freyre y Santander en representación del Perú.

La Comisión Plebiscitaria tiene su origen en el Laudo del presidente de los Estados Unidos Calvin Coolidge que se hizo público el 4 de marzo de 1925, en el que se estipulaba la procedencia de la consulta plebiscitaria establecida en el artículo tercero del tratado de Ancón, el que por dilaciones fue incumplido por Chile.

La primera sesión de la Comisión Plebiscitaria tuvo lugar aquel 5 de agosto a las 10.30 am en la sala de conferencias del cuartel Velásquez. Pershing estuvo acompañado de William Dennis como consejero jurídico y Harold Dodds consejero técnico; Edwards estuvo con Samuel Claro y Manuel Foster como sus consejeros jurídicos y Freyre estuvo con Anselmo Barreto y Alberto Salomón como consejeros jurídicos.

Pershing, además de establecer consideraciones en general sobre el derecho internacional y la solución del arbitraje dijo: “Es nuestra misión la de verificar una elección mediante la cual todos aquellos poseedores del derecho de expresar sus deseos en las urnas tengan la libre oportunidad de votar sin intervención y de acuerdo con los preceptos de su conciencia. Con el cumplimiento de dicha misión, los derechos esenciales de todos serán protegidos y los fines de la justicia serán satisfechos”.

Edwards, el delegado chileno manifestó: “Chile respetuoso siempre de sus compromisos y resuelto a cumplirlos sin vacilaciones ni reserva, no ha pensado, ni piensa, desde que fue notificado del fallo del Árbitro sino en la fiel y estricta observancia de sus disposiciones que de antemano miraba como la más alta expresión de la sabiduría y la justicia. Encontrará pues V.E. en el miembro chileno de la Comisión Plebiscitaria la cooperación incondicional que necesita para cumplir y hacer cumplir celosamente todas y cada una de las disposiciones del fallo arbitral; y las autoridades civiles y militares que con arreglo al tratado de Ancón y al Laudo Arbitral velan por el orden y seguridad de los habitantes de los territorios en que va a celebrarse el acto plebiscitario, no omitirán esfuerzos por secundarme en esta cooperación amplia y completa que ofrezco con toda franqueza.”

Freyre dijo: “Nuestros esfuerzos deberán tender hacia la creación de un ambiente de seguridad que despierte y garantice en los sufragantes peruanos una verdadera y completa seguridad debido a la ausencia de toda restricción; requisito esencial, según entiendo, para garantizar que sus votos sean real y libremente emitidos y fielmente computados”.

La realidad nos hace constatar que las palabras se las lleva el viento. Mientras los EE.UU. querían afianzar su prestigio en la realización de una consulta como la estipuló el Laudo; el Perú buscaba la garantía de una votación libre y la protección al elemento peruano y Chile prometiendo lo que no quería. Esto último se verificó un año después al ser aprobada la moción Lassiter cuando se estableció que un plebiscito libre y justo es impracticable por las condiciones de terror que vivía la población peruana.

A los cien años de estos trascendentes hechos en la historia, solo me resta por reconocer los esfuerzos de todos aquellos peruanos que a pesar del clima de terror se inscribieron para la consulta y sufrieron los ataques por su peruanidad. ¡Cuanto costaba ser peruano que hasta se arriesgaba la vida!

(*) Abogado y excongresista.

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