
El año 2025, próximo a su final, ha sido un muy buen año de agua. Las lluvias de principios de año, entre enero y abril, fueron abundantes. Las lagunas y reservorios de la Sierra se llenaron. El estiaje fue corto. Tanto que, a fines de septiembre pasado, cayeron las primeras lluvias de temporada.
Sin embargo, la gente se olvida. Durante el verano pasado, como siempre, botamos cualquier cantidad de agua dulce al mar. Incluso, producto de las lluvias, hubo huaicos de lodo y piedras que cortaron carreteras y arrasaron con todo lo que encontraron. El Estado hizo poco o nada para guardar, aunque sea una parte de esas aguas sobrantes.
Por otro lado, como era de esperar, no llovió entre mayo y agosto, tal como ocurre todos los años. El estiaje es así: no llueve. Eso lo sabemos los agricultores de costa, sierra y selva. También sabemos que las plantas producen más y mejor cuando tienen agua todo el año. Para ello, algunos hemos construido reservorios donde guardamos las aguas sobrantes. Otros han perforado pozos para extraer agua del subsuelo. Así, con reservorios o pozos, los agricultores modernos y eficientes tenemos agua todo el año.
Ahí radica la principal diferencia entre la agricultura altamente productiva y la agricultura precaria: la disponibilidad de agua durante todo el año. Y si el agua se maneja con sistemas de riego tecnificado, mejor aún. Entonces, la disyuntiva es clara: ¿agua todo el año o agua solamente cuando llueve? Esa es la diferencia entre la agricultura exportadora moderna, que emplea formalmente a un millón de trabajadores y que en 2025 batirá récords de exportaciones, y la pequeña agricultura tradicional, que emplea informalmente a más de cinco millones de peruanos y que la está pasando muy mal.
¿Tan difícil es entender la problemática del agua para la agricultura en nuestro país? ¿Por qué no priorizar la construcción de reservorios y pozos en todo el país, para que los pequeños agricultores produzcan más y dejen de ser pobres? ¿Qué pasa con el Estado que no es capaz de redactar el reglamento de la Ley de Canon Hídrico? Una ley promulgada hace más de dos años, que transferiría recursos a la Sierra, a perpetuidad, para construir miles de reservorios y beneficiar a los campesinos altoandinos. ¡No hay derecho!
Está más claro que el agua: lo que es sencillo de explicar y de sentido común, no lo es para nuestras autoridades políticas. Porque si así fuera, la conclusión sería peor: a nuestros políticos les importa un bledo que los pequeños agricultores se mueran de hambre.
No priorizar el agua y el riego tecnificado es como poner la carreta delante de los burros. Todo lo demás, mecanización, financiamiento, industrialización, compras estatales, reorganización del Ministerio de Agricultura, asociatividad, es secundario. Esa es la imagen que mejor caracteriza al Estado frente a la pequeña agricultura.
Conclusión: la máxima prioridad para la agricultura, sobre todo para la pequeña, debe ser el agua. Abramos los ojos a la realidad. El 2025 que está por terminar fue muy bueno para los agricultores que tuvimos agua todo el año, pero pésimo para los demás.
(*) Exgobernador regional de Ica.




