La inteligencia artificial en los juicios: ¿herramienta o amenaza?
Por: Tullio Bermeo Turchi

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en parte de nuestra vida cotidiana. Hoy está en los celulares, en las búsquedas de internet y hasta en las aulas. Sin embargo, cuando se habla de justicia, el panorama cambia. Ahí no basta con la rapidez o la eficiencia: lo que está en juego es la verdad, y con ella la confianza de toda una sociedad.
Un proceso judicial se sostiene sobre las pruebas. Una fotografía, un audio o un video pueden determinar si una persona pierde su libertad o si es declarada inocente. Pero en este punto surge la inquietud: ¿qué pasa si esos documentos provienen de una IA? El avance de la tecnología hace posible generar imágenes y voces prácticamente idénticas a las reales, al punto que resultan indistinguibles para un ciudadano común. Y ese detalle abre un debate urgente.
Nuestros códigos procesales ya incluyen una lista amplia de medios probatorios: manuscritos, impresos, grabaciones o fotografías, entre otros. No obstante, la inteligencia artificial no encaja de manera clara en esas categorías. En teoría, un perito debería validar la autenticidad de cualquier documento, pero la pregunta es si basta con esa verificación cuando existen sistemas capaces de producir pruebas falsas casi perfectas.
El escenario se complica si pensamos en un caso concreto. Imaginemos que un funcionario público es acusado de corrupción y la prueba principal es un audio en el que pide una coima. Si ese audio fue fabricado con IA, ¿cómo distinguirlo de uno auténtico? ¿Quién garantiza la diferencia? ¿Un juez, un perito especializado, un software más avanzado? Las dudas no son menores, porque de esa decisión depende la reputación y la libertad de una persona.
La preocupación no es solo peruana. Las Naciones Unidas ya recomendaron a los países regular el uso de la IA. En el Perú, la Ley 31814 promueve su aplicación, pero no aborda con claridad los riesgos que trae consigo en el ámbito judicial. Celebrar la innovación es necesario, pero igual de necesario es preguntarnos por sus límites.
En este sentido, la regulación no puede construirse de manera aislada. Debe ser un esfuerzo que reúna a jueces, abogados, técnicos y ciudadanos. La IA no es neutral: refleja tanto las oportunidades como las amenazas de la época. Si se regula bien, puede convertirse en una aliada para encontrar la verdad. Si se descuida, puede ser la herramienta perfecta para el engaño.
Al final, lo esencial es no perder de vista lo humano. Detrás de cada expediente hay historias, familias y vidas que dependen de la justicia. Y esa justicia solo será legítima si se apoya en pruebas confiables. El desafío está en nuestras manos: decidir si la inteligencia artificial será un instrumento de verdad o una amenaza para ella.
(*) Juez Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Ucayali.

