
El domingo pasado se realizó nuevamente la ceremonia de la entrega de los Óscar, que premia en Hollywood a las mejores películas, mejores directores y mejores actores de cine.
Hace décadas es un clásico de la Academia del séptimo arte. Son tan formales y diplomáticamente serias las ceremonias de la entrega de los Óscar que siempre los organizadores tratan de mantener la gala de manera clásica y protocolar.
Sin embargo, esta vez, cuando el gran actor español Javier Bardem subió al estrado a presentar el premio a la mejor película Internacional, decidió aprovechar el foco de la atención para lanzar ante cientos de millones de espectadores un mensaje noble, justo, claro y directo a la yugular. Antes de anunciar a los nominados, Bardem declaró: “NO A LA GUERRA Y PALESTINA LIBRE”, recibiendo el enorme aplauso de la platea abarrotada de artistas y directores de cine de todo el mundo.
No es la primera vez que el actor español (casado con la gran actriz española Penélope Cruz e hijo de la artista fallecida Pilar Bardem) utiliza su visibilidad para denunciar públicamente el genocidio de los palestinos en Gaza a manos de las fuerzas criminales sionistas comandadas por el asesino de niños y primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. En esta ocasión lo volvió a hacer en la gala más importante del planeta cine, que suele evitar pronunciamientos políticos tan directos.
La gran virtud de Javier Bardem ha sido pronunciarse con tanta claridad y energía en un escenario tan mediático, donde la industria del cine normalmente opta por el silencio. Bardem llegó a la gala vestido con smoking totalmente negro (imaginamos como señal de luto por los miles de personas asesinadas por las guerras genocidas), con un letrero en la solapa que decía en letras rojas de molde: “NO A LA GUERRA” y un pin con la figura de un niño palestino.
Hay que recordar que Bardem, fiel a sus convicciones y cuando su carrera artística estaba recién en pleno ascenso, se pronunció en la gala del Óscar en el año 2003 contra la guerra de invasión de la primera potencia del mundo contra Irak, donde mató a decenas de miles de personas inocentes, bajo la excusa de la guerra preventiva, porque supuestamente el país árabe estaba fabricando bombas químicas y de destrucción masiva.
En aquella época Bardem se enfrentó a esa gran mentira y se pronunció contra la guerra abogando por la paz; el tiempo le dio la razón. La gran virtud de Bardem es enfrentarse al poder político y financiero mundial, a costa de las represalias que pueda sufrir su propia carrera profesional, y, como dicen bien los españoles, “con dos cojones” defender a la gente más desprotegida del planeta, especialmente a esos niños que sufren bombardeos, hambre, miseria o pierden a sus familias. Su causa es tan justa y noble que se da el lujo, luego del anuncio en la ceremonia, de dar entrevistas a todos los medios de comunicación mundial, detallar su lucha y enfrentarse a los asesinos de niños y desprotegidos del mundo. Mis respetos para Javier Bardem.
(*) Exvicepresidente de la República.

