Opinión

La enfermedad no es la única que mata, también mata la corrupción

Por: Katherine Ampuero Meza

Cada vez más son alarmantes las cifras de la corrupción en el sector salud, las mismas que revelan una realidad desgarradora e indignante. Según la Contraloría General de la República, se identifican irregularidades que ascienden a más de 2.000 millones de soles en el manejo de recursos destinados a la salud, lo cual no solo se traduce en pérdidas económicas sino en lo más importante: pérdidas de vidas humanas que parece no importar o es que simplemente ya lo hemos normalizado.

La pandemia de COVID-19 fue el escenario donde esta corrupción se hizo aún más evidente. En un momento crítico en que la urgencia y la necesidad de atención médica eran más apremiantes que nunca, se puso de manifiesto la incapacidad del sistema para responder de manera efectiva.

Las compras sobrevaloradas y otras inservibles de millones de insumos médicos y pruebas rápidas, son solo algunos ejemplos de la grave situación. Las cifras muestran que entre 2020 y 2021, miles de millones en recursos públicos fueron utilizados irregularmente, mientras que los ciudadanos nos enfrentamos a un virus mortal que dejó miles de víctimas.

La gestión del expresidente, ahora sentenciado por corrupción Martín Vizcarra, durante este período fue uno de los episodios más sombríos de nuestra historia. En el 2021, lo denuncié ante la Fiscalía de la Nación por delitos de corrupción y luego por homicidio, al existir evidencia de haberse coludido conjuntamente con sus exministros de salud y de economía con empresarios chinos para la adquisición millonaria de “pruebas rápidas” a sabiendas de que éstas no servían para detectar el virus porque daban “falsos negativos”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ya habían advertido sobre su ineficacia, sin embargo Vizcarra y su ex ministros, sin importarles la vida y salud de todos los peruanos, optaron por su compra y uso masivo en todos los centros de salud para, entre otros factores, mantener un engañoso panorama de control de la pandemia. El resultado fue la pérdida de vidas de miles de peruanos.

El impacto de la corrupción y la falta de responsabilidad no se limitó a las pruebas rápidas. Hubo sobrevaloración de equipos médicos, desabastecimiento crónico de medicamentos esenciales. La falta de logística e infraestructura adecuada fue una combinación letal que llevó a la muerte a miles de personas que no pudieron acceder a una atención oportuna.

Reflexionar sobre la corrupción de lo ocurrido durante la pandemia y de la que vivimos diariamente, nos debe llevar a confrontarnos con una dura realidad: la corrupción no solo priva a la población de servicios de salud de calidad, sino que además es responsable de la pérdida de vidas humanas.

La salud es un derecho y la enfermedad no es el único enemigo; la corrupción también mata, y es nuestra responsabilidad colectiva garantizar que ésta no se convierta en una sentencia de muerte para nuestros ciudadanos.

La verdadera cura para nuestra sociedad es la integridad. Por ello, luchar contra la corrupción en el sector salud es uno de los 4 ejes de mis propuestas al senado nacional. Luchar contra la corrupción no es tarea de uno solo, debemos de trabajar juntos para poder vencerla.

(*) Abogada penalista y exprocuradora del caso Odebrecht

Candidata por Renovación Popular al senado con el N° 4

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