
Señor César Rodríguez Rosado
Director de Programación CENARES – Ministerio de Salud
De mi consideración:
Me veo obligado a dirigirme a usted con carácter de urgencia extrema debido al grave desabastecimiento de medicamentos oncológicos indispensables y de uso continuo en el tratamiento del cáncer.
En nombre de todos los pacientes que hoy se encuentran en la misma situación, expreso mi profunda indignación frente a la incongruencia existente entre la inversión anunciada por el Ministerio de Salud —más de S/ 200 millones en medicamentos oncológicos y de alto costo— y la realidad actual en los hospitales públicos: no hay medicinas, no hay reposición y no hay respuestas claras.
Esta situación no puede normalizarse ni justificarse. Cuando se anuncia una inversión tan significativa y, aun así, las familias reciben la respuesta de que “el medicamento se ha acabado”, surgen preguntas inevitables que CENARES debe responder sin evasivas:
– ¿Dónde están los medicamentos que debían adquirirse con el presupuesto asignado?
– ¿Se ejecutó realmente la inversión anunciada y, de ser así, en qué fechas, con qué proveedores y en qué cantidades?
– ¿Por qué los hospitales del Estado se encuentran desabastecidos de medicinas críticas, poniendo en riesgo la vida de miles de pacientes?
– ¿Qué mecanismos de control existen para garantizar que los medicamentos lleguen a quienes los necesitan y no se pierdan en el camino administrativo?
– ¿Qué acciones inmediatas implementará CENARES para reponer el abastecimiento de la abiraterona y garantizar continuidad en los tratamientos?
Las familias no pueden seguir asumiendo los vacíos de gestión ni las fallas en la cadena de suministro. Estamos hablando de pacientes cuya vida depende de la puntualidad y continuidad de su tratamiento. Cada día sin medicinas significa retroceso, dolor y riesgo vital.
En el Perú, el cáncer no solo mata por su agresividad biológica, sino también por la negligencia del sistema. Cada tratamiento retrasado es una sentencia silenciosa. Cada medicamento que falta es una oportunidad
perdida. Cada trámite innecesario es un día menos de vida.
Resulta inaceptable que, tras anunciar un presupuesto millonario, los pacientes tengan que escuchar que “no hay stock”. Las autoridades tienen la obligación de rendir cuentas, garantizar transparencia y dar soluciones inmediatas, no excusas.
Solicito, por tanto, una respuesta formal, urgente y documentada, así como la inmediata reposición de los medicamentos oncológicos esenciales para mi tratamiento y el de todos los pacientes afectados.
Este artículo no pretende ser un ataque político. Es un llamado humanitario. Un pedido de auxilio que se repite cada día en pasillos silenciosos de hospitales sobrecargados. Los pacientes oncológicos del Perú no exigen privilegios. Exigen dignidad, tiempo, vida. Y la gran pregunta continúa en el aire, golpeando como una acusación directa: si el presupuesto existe, ¿por qué no llega a quienes más lo necesitan?
El derecho a la salud no puede seguir siendo vulnerado por la falta de control, de gestión o de transparencia en el uso de recursos públicos. El cáncer no espera. Los pacientes tampoco. Y el Estado, si quiere honrar su compromiso con la vida, debe responder ya.
(*) Presidente de Aprosec

