Opinión

Marchas, protestas y política

Por: Víctor Andrés García Belaunde

Las grandes manifestaciones populares en el Perú siempre se dieron en los procesos electorales; tal vez la más terrible de todas ocurrió en 1872 cuando la ciudad de Lima se levantó contra la tiranía de los hermanos Gutiérrez que terminaron sus días ultimados por la turba y se logró que aquella sangrienta protesta haya logrado que se respete el resultado electoral que eligió por primera vez a un presidente civil: Manuel Pardo y Lavalle.

Otra manifestación de gran trascendencia por lo sangrienta y las bases que echó en la república fue lo ocurrido en la revolución de 1895 que llevó a Nicolás de Piérola al poder, dejando cientos de muertos en la capital pero que a pesar de todo ese pasivo se estabilizó la democracia en el país en todo lo que iba de su historia republicana.

Otras manifestaciones importantes fueron aquellas como las de Billinghurst que llegó al poder prometiendo ejecutar medidas populistas (19/5/1912); la llegada al poder de Augusto B. Leguía (4/7/1919), o la de Sánchez Cerro que lo derrocó (22/8/1930) y más adelante las manifestaciones contra la política económica de Bustamante y Rivero (1947-1948).

Hubo después muchas protestas y manifestaciones, pero nada como lo ocurrido en el Paro Nacional de 16 de julio de 1977 contra la dictadura de Morales Bermúdez, quien convocó a una Asamblea Constituyente. Esta medida fue aceptada por la mayoría de partidos políticos especialmente los de izquierda creyendo que iban a lograr una mayoría aplastante por los resultados del Paro Nacional, pero la alianza entre el APRA y el PPC frustró las políticas de la extrema izquierda mientras que cautelosamente Acción Popular creía que la Constitución de 1933 solo precisaba de enmiendas, siendo el tiempo que le dio la razón.

No obstante la violencia terrorista de los 80s y 90s las protestas bajaron durante la dictadura de Alberto Fujimori. Solo una movilización masiva hubo cuando inauguraba su tercer mandato (27 y 28/7/2000), fue lo que se llamó “la marcha de los cuatro suyos”. Los desmanes en aquella protesta contra la re reelección de Fujimori fueron provocados por el SIN de Montesinos incendiando edificios públicos.

Lo más próximo que hemos tenido en protestas sociales con consecuencias directas ocurrió en el gobierno de Ollanta Humala en 2015 fueron las protestas contra la “Ley del Régimen Laboral Juvenil” (conocida como Ley Pulpín) que después de cinco marchas tuvo el efecto esperado por los jóvenes: su derogatoria.

Después de haber sido vacado constitucionalmente Martín Vizcarra en noviembre de 2020, hubo una protesta ciudadana contra Manuel Merino el presidente del Congreso que se encontraba en funciones y le correspondía asumir el cargo de presidente de la república, pero la desinformación generalizada se hizo creer que Merino sacó a Vizcarra para hacerse del poder, algo completamente descabellado. Merino se vio obligado a renunciar al fallecer dos jóvenes en las protestas. Su sucesor Sagasti también tuvo problemas por la ley Agraria muriendo muchas personas y a la salida de Pedro Castillo después de su frustrado golpe hubo cerca de 50 muertos.

Pocos años después tenemos protestas que se iniciaron por los cobros indebidos que pretendían realizar las AFP a los que se unieron los transportistas que son extorsionados por delincuentes. Según Remy de Gourmont, el Estado necesita de tres patas para sostenerse, seguridad personal, propiedad individual y libertad de costumbres. Hoy ante la tensa calma después de lo ocurrido el 15 de octubre ¿Qué hará el presidente interino Jerí?

(*) Abogado y excongresista.

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