Opinión

Trump no puede salir del entrampamiento iraní

Por: Ángel Delgado Silva

El martes 7 de abril, el mundo entero contuvo la respiración. A las 20 horas, el presidente de EE. UU. anunciaba un bombardeo devastador que pretendía “volver a la edad de piedra, al antiguo Imperio Persa”. Más allá de la vesania de tal propósito, un acto de esa calaña magnificaría el conflicto a cotas inimaginables. Además de aproximarnos a la guerra nuclear, según todos los especialistas, los precios del petróleo y sus derivados se dispararían, generando una crisis energética tremenda. La economía internacional, postrada como nunca.

Gracias a Pakistán, a poco de vencer el plazo se consiguió una tregua de dos semanas. Un alivio para la acumulación de tensiones que remecen el planeta con extrema peligrosidad. Aunque se reabrirán las negociaciones, la paz en el Medio Oriente parece lejana aún. Israel ha manifestado su voluntad de proseguir los ataques militares en el Líbano. Intenta, sin conseguirlo, liquidar a un Hezbolá más agresivo, letal y potente. Igualmente, la apertura del estrecho de Ormuz con el objeto de restablecer las rutas de abastecimiento petrolero no elimina el control iraní ni su decisión de cobrar un peaje a los buques que transiten por él. Irán dice que así sufragarán los daños a las instalaciones provocados por los misiles judeo-norteamericanos desde el 28 de febrero de este año.

Todavía las aguas no retornan a su nivel. Quizá tome tiempo. Las heridas y agravios causados no cicatrizan de inmediato. Y es de esperar que la restaurada vía diplomática cumpla su razón de ser: pacificar las relaciones internacionales bajo el imperio del derecho y la común intención de todas las partes implicadas.

Entre tanto, es posible extraer algunas conclusiones que nos permitan vislumbrar la nueva correlación entre naciones que se está gestando luego de más de treinta años de finalizada la Guerra Fría. En efecto, el orbe unipolar nacido tras la caída del Muro y la implosión de la URSS ha concluido. Desde la crisis financiera de 2008, la hegemonía estadounidense se viene quebrando debido al mayor número de cuestionamientos que, con frecuencia inusitada, se propagan por todo el globo.

La Federación Rusa, hundida durante la última década del siglo XX, se ha recuperado plenamente bajo el liderazgo de Vladimir Putin. Ha salido airosa de la guerra de Ucrania y su incidencia en los problemas mundiales es cada vez más determinante. En simultáneo, forja un eje de países revisionistas que persiguen cambiar el actual orden internacional: China, India, Corea del Norte, Irán, con el implícito apoyo de las economías emergentes, los BRICS.

Y, como la confrontación bélica con Irán demuestra, EE. UU. desnuda sus limitaciones para erigirse como el hegemón por antonomasia. Ello, pese al esfuerzo voluntarista, arrogante y nada responsable del presidente Trump.

(*) Abogado constitucionalista.

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