Opinión

El Alcázar no se rinde

Por: Omar Chehade

A propósito de la fratricida Guerra Civil española que hace 89 años dividió entre republicanos y falangistas y que llevó al generalísimo Francisco Franco a una dictadura de casi 40 años, hay un hecho estremecedor y heroico que, en estas épocas de ausencia de valores patrióticos, es bueno recordar. Corría el 18 de julio de 1936 y el coronel José Moscardó, encargado militar de Toledo, viajó a Madrid para preparar el viaje de los atletas para las Olimpiadas de Berlín; sin embargo, en la capital se enteró de la sublevación contra el gobierno comunista republicano, así que decidió sumarse al alzamiento de los rebeldes.

Las presiones iniciales del gobierno fueron telefónicas, exigiéndole la entrega de armas y municiones. Moscardó les dio largas excusas; mientras tanto, se iban concentrando en Toledo los efectivos de la Guardia Civil y las municiones eran trasladadas desde la fábrica de armas hasta el Alcázar. Desde allí, Moscardó declaró el estado de guerra contra el gobierno rojo español el 21 de julio.

El asedio de las milicias comunistas del gobierno del Frente Popular contra la ciudad de Toledo, además del bombardeo aéreo, impulsó a los defensores nacionalistas liderados por Moscardó a encerrarse en los muros del Alcázar. El mérito militar de Moscardó y los que lo acompañaban estribaba en la rápida y eficaz reacción ante una situación muy difícil, con medios materiales y humanos muy limitados. A pesar de ello, la moral estaba muy elevada en el interior, donde se organizaba no solo la defensa con las armas, sino también la vida diaria.

Los aviones enemigos eran detectados con antelación suficiente, lo que permitía el refugio en los sótanos del edificio. El 22 de julio quedó cortado el suministro eléctrico y de agua como consecuencia del bombardeo. Todos consideraban que los ataques aéreos y de artillería serían suficientes para que los rebeldes se entregaran pronto, cosa que nunca sucedió, ya que al final triunfaría Moscardó.

En la mañana del 23 de julio de 1936 se produjo uno de los hechos más notables de la historia de la defensa del Alcázar de Toledo. Días antes fue detenido un joven de 24 años: Luis Moscardó Guzmán, hijo del sublevado coronel Moscardó. Desde el despacho del presidente de la diputación se produjo la célebre conversación telefónica entre el jefe de las milicias comunistas, Cándido Cabello, y el coronel Moscardó.

En esa trágica conversación se instó al coronel Moscardó a rendir el Alcázar bajo la amenaza de fusilamiento de su hijo. En propias palabras de Moscardó, fue el acto más difícil de su vida: “El acontecimiento más grande de mi vida, el que causó un desgarro sangriento en mi existencia y un recuerdo inextinguible en mi espíritu”.

La conversación:

Luis Moscardó: ¡Papá!

Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo?

Luis Moscardó: Nada, que dicen que me van a fusilar si no rindes el Alcázar.

Coronel Moscardó: Pues encomienda tu alma a Dios y da un grito de ¡Viva España! y muere como un patriota.

Luis Moscardó: Un beso muy fuerte, papá.

Coronel Moscardó: Un beso muy fuerte, hijo mío.

El coronel Moscardó, dirigiéndose al jefe de las milicias comunistas: “Puede ahorrarse el plazo que me ha dado, puesto que el Alcázar no se rendirá jamás.

¡Viva España!”.

(*) Exvicepresidente del Perú.

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