Opinión

El poder de APP detrás del trono: el dueño de las llaves

Por: Alicia Barco Andrade

El Perú asiste hoy a una de las funciones más cínicas de su historia política reciente. José María Balcázar ha juramentado como presidente de la República, pero no se equivoquen: el sillón de Pizarro tiene un inquilino, pero el contrato de arrendamiento lo firmó César Acuña.

Muchos se preguntan cómo es que Alianza Para el Progreso (APP), un partido que se llena la boca hablando de institucionalidad y libre mercado, terminó entregándole el país a un perfil de extrema izquierda. La respuesta no es ideológica, es puramente transaccional. En el barco político, APP ha dejado de ser un tripulante para convertirse en el dueño de las llaves de la bodega.

El presidente “pararrayos”

Balcázar llega a Palacio con una mochila cargada de polémicas y una debilidad política evidente. Y es precisamente esa fragilidad lo que lo hace el candidato perfecto para los intereses de Trujillo. APP no buscaba un estadista; buscaba un pararrayos. Alguien que reciba los golpes, las marchas y el desgaste propio de una crisis, mientras ellos, desde la comodidad de sus curules y sus gobiernos regionales, siguen aceitando la maquinaria para las elecciones del 12 de abril.

La estrategia del silencio

Poner a un presidente de izquierda radical le permite a APP jugar a dos bandos. Hacia afuera, dirán que fueron “responsables” para evitar el vacío de poder. Hacia adentro, saben que un gobierno débil no fiscaliza, no reforma y, sobre todo, no estorba. Mientras el país se distrae con los previsibles desatinos de un gabinete de cuota radical, las grandes decisiones sobre el presupuesto y los proyectos mineros —muchos de ellos acechados por la ilegalidad— se negociarán en voz baja en las oficinas de los “socios” del pacto.

La libertad en juego

¿Qué significa esto para nuestra democracia? Significa que estamos ante un gobierno tutelado. El peligro no es solo el discurso radical de Balcázar, sino la complicidad de quienes le dieron el poder a cambio de tranquilidad para sus negocios electorales. El periodismo tiene hoy la obligación moral de no mirar solo hacia Palacio, sino de poner el reflector en los pasillos del Congreso donde se selló este acuerdo.

Recuperar el país exige denunciar este “pacto de sombras”. No podemos permitir que el Perú sea el botín de guerra de un partido que usa la banda presidencial como moneda de cambio. La libertad democrática se defiende exponiendo a los titiriteros, no solo a los títeres.

El barco político tiene un nuevo capitán, sí. Pero el dueño del barco sigue siendo el mismo de siempre, aquel que prefiere ver el horizonte arder con tal de que sus intereses lleguen intactos al puerto de julio.

Es momento de despertar. Porque cuando el poder se ejerce detrás del trono, el que termina pagando la cuenta siempre es la ciudadanía.

(*) Marketing 5.0 I Análisis político moderno I Humanización con propósito.

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