Opinión

¿Quo vadis, europa?

Por: Ángel Delgado Silva

Termina el 2025. Febrilmente, los representantes de Donald Trump y de la Federación Rusa ultiman lo necesario para arribar a un acuerdo que ponga fin a la guerra de Ucrania, próxima a cumplir cuatro dramáticos años. Las dificultades, inherentes a una negociación de esta naturaleza, se incrementan como nunca ante la sorprendente conducta de la Unión Europea. Ello es crucial: la clave de la paz. Porque, increíblemente, las principales tensiones no brotan del régimen de Putin. Este tiene interés en cerrar el conflicto, aunque no acuse apremio ni apuro. La dinámica del campo de batalla le resulta ampliamente favorable y, en esa medida, al pasar el tiempo consolida territorios y adquiere mayor fuerza negociadora.

Vistas las circunstancias, la tozudez europea de prolongar la conflagración y oponerse a un armisticio razonable es sólo eso: pura terquedad y obcecación digna de mejores causas. Al negarse a percibir la realidad y sostener a sus títeres de Kiev, insisten en actos de provocación que tienden a escalar la contienda y lindan con una temeridad irresponsable. Les es completamente ajena la suerte de la población ucraniana. ¡Sí, inmolarla incluso! Así esconden su culpa por el estallido bélico y su fracaso e inobjetable derrota, ahora. Es que, más allá de las bravatas, los líderes de la Unión Europea, Úrsula von der Leyen y Kaja Kallas, se desvelan para que EE. UU. no quiebre sus compromisos militares y se enrede en un enfrentamiento nuclear. Conspiran, para ello, con el Partido Demócrata, los neocon republicanos y, por supuesto, con los capitostes del complejo militar-industrial, en el común afán de aislar y someter a Trump.

Este indisimulado sabotaje ha bloqueado las tratativas de paz durante todo el año que culmina. Varias veces las intenciones del presidente se han difuminado en el vacío, traduciéndose en desvaríos y contradicciones. Incluso las cumbres con Putin, pese a su gran trascendencia para el mundo, no han logrado aterrizar con éxito. Trump se ve impelido a recurrir a personajes de su extrema confianza, como Steve Witkoff, para continuar el diálogo con Rusia, al margen de la diplomacia y del secretario de Estado, Marco Rubio. Su última tentativa de “28 puntos” –que se espera concluir antes de que los relojes marquen el 2026– ha sorprendido a los aliados, en tanto se viene manejando con extraordinaria cautela.

Con todos sus defectos, Trump aboga por un escenario mundial pacificado. Entiende que la unipolaridad norteamericana, que ha sostenido al globalismo neoliberal de las élites europeas y de EE. UU., vive sus estertores finales. Y, en lugar de persistir por esa ruta hacia el holocausto, sería más ventajoso negociar en serio con las potencias emergentes: China, Rusia, India. Reconocer sus zonas de influencia y poner por delante la competencia comercial en vez de la guerra, que puede desaparecer a la humanidad.

(*) Abogado constitucionalista.

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