Opinión

La cumbre Trump-Putin y el difícil objetivo de la paz

Por: Ángel Delgado Silva

Desde que asumió la presidencia, Donald Trump manifestó su voluntad de terminar con la guerra en Ucrania. Pero sus exhortaciones cayeron en saco roto. Sus aliados europeos de la UE y la OTAN, al igual que el régimen de Zelenski, con francas posturas belicistas, se negaron a concluir las hostilidades. Salieron al frente para discrepar con la política de distensión. Su crítica se centró en el acercamiento a Putin, haciendo evidente su rusofobia destemplada.

Lo irónico es que la Federación Rusa viene imponiéndose en el campo de batalla, tras tres años y medio de conflicto. Y, de hecho, la actual negativa de EE. UU. a seguir involucrándose precariza, más aún, la suerte de Kiev. Sin embargo, prima una obcecación suicida al dilatar la confrontación. Poco importa sacrificar al país y su gente. Peones de un juego maquiavélico que se diseña y ejecuta en el tablero del ajedrez mundial. De allí el sinnúmero de provocaciones contra objetivos civiles en territorio ruso. Su objetivo: una réplica desmedida contra el pueblo ucraniano. Un cálculo perverso que persigue el retorno de EE. UU. a la contienda. Aunque implique doblegar a Trump. Y, por cierto, aproximar al mundo al holocausto nuclear.

Este pulso, tira y afloja, se ha prolongado tortuosamente a lo largo del año, produciendo una grave parálisis. La única vía para romper el impasse desgastante consiste en “dar paso a los dueños del circo y dejar de lado a los payasos”, para decirlo metafóricamente. En efecto, después de muchas vacilaciones y dudas, Trump y Putin decidieron reunirse este viernes, en Alaska. De modo que la crisis ucraniana se abordará sin la presencia de Zelenski ni sus socios euro-otanistas. Y, la verdad, poca falta hacen. Jamás dejaron de ser meros títeres manejados por hilos ajenos.

A pesar de ello, habrá protestas por la humillante marginación. Es probable escuchar voces contra la fractura territorial de Ucrania. No pasarán de pataletas inútiles. La victoria rusa conlleva anexar Crimea y los óblast de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Pocos dudan de lo inexorable. Ya sea por la ocupación castrense o el sentir de las mayorías rusófonas que las habitan. Será el punto final de la guerra civil iniciada en febrero de 2014, con el llamado Euromaidán. Al mismo tiempo, la cumbre de Alaska estaría en condiciones de resolver las causas profundas de la guerra internacional de 2022. Nos referimos a la intención de Occidente de someter a Moscú, incorporando a Ucrania a la OTAN e instalando misiles y arsenal atómico en las fronteras de la Federación. En ese sentido, con una Ucrania desmilitarizada y neutral, como reza su Constitución, será posible una paz duradera.

(*) Abogado constitucionalista.

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