
Por años, el Perú ha vivido atrapado en un círculo vicioso de corrupción, mediocridad política e impunidad. Gobiernos que se suceden sin resolver los problemas estructurales del país, congresos desacreditados y una justicia penetrada por intereses subalternos han erosionado la confianza ciudadana y debilitado la institucionalidad.
Frente a este escenario, Perú Acción propone una Revolución Pacífica: una transformación profunda del Estado y de la política, sin violencia, pero con firmeza, claridad moral y voluntad de cambio real. La Revolución Pacífica parte de una premisa sencilla: el país no se arregla con parches ni discursos, sino con reformas estructurales que devuelvan ética, responsabilidad y representatividad al poder público. Una de sus columnas es la Revolución Parlamentaria, destinada a desmontar el actual sistema de partidos convertidos en vientres de alquiler y maquinarias electorales al servicio de intereses personales o mafiosos.
El Parlamento debe volver a ser un espacio de representación auténtica, con reglas estrictas de idoneidad, transparencia, rendición de cuentas y sanciones efectivas para quienes traicionen el mandato popular. En el próximo artículo desarrollaré este tema ampliamente. Pero ninguna reforma política será suficiente si la corrupción sigue enquistada en las instituciones clave del Estado. La corrupción es el eje central de la inseguridad ciudadana.
Por ello, Perú Acción plantea la creación del Consejo Nacional de Moral Pública, un órgano independiente, integrado por personas probadamente intachables, con méritos reconocidos y legitimidad democrática. Su misión central será liderar el proceso de saneamiento moral de las entidades más golpeadas por la corrupción: la Policía Nacional, el Ministerio Público, el Poder Judicial y el INPE, hoy percibidas por amplios sectores de la ciudadanía como estructuras capturadas o tolerantes con la impunidad. El Consejo no será decorativo ni burocrático. Tendrá atribuciones claras, procedimientos transparentes y el respaldo político necesario para investigar, sancionar, impulsar reformas y promover una cultura de integridad en el servicio público. La corrupción no se combate solo con más leyes, sino con instituciones creíbles y con personas que tengan autoridad moral para aplicarlas.
La Revolución Pacífica de Perú Acción no busca dividir ni confrontar al país, sino unirlo alrededor de un objetivo superior: recuperar el Estado para los ciudadanos y ponerlo al servicio del Perú, no de redes corruptas ni de intereses particulares. Es una revolución sin armas, pero con principios; sin violencia, pero con determinación. Una apuesta por el cambio profundo que el país reclama y que ya no puede seguir postergándose.
(*) Presidente de Perú Acción. Presidente del Consejo por la Paz

