El papa inaugura escultura de Santa Rosa de Lima en Jardines Vaticanos
Tras la ceremonia, el Santo Padre compartió buffet y bromeó al llamar “agua bendita” a la lluvia

CIUDAD DEL VATICANO. El papa León XIV inauguró ayer en los Jardines Vaticanos un mosaico dedicado a la Virgen María y una escultura de Santa Rosa de Lima, en una ceremonia que combinó solemnidad y cercanía.
Junto a la estatua, el líder de la Iglesia Católica bendijo un mosaico mariano que reúne siete de las principales advocaciones de la Virgen María veneradas en el Perú, entre ellas la Virgen de Chapi, la Virgen de la Candelaria y la Virgen Inmaculada. Esta obra, también realizada por los Artesanos Don Bosco, integra el Camino Mariano del Vaticano, un recorrido en los jardines que exhibe representaciones marianas de diversos países del mundo.
La ceremonia congregó a la presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) y a los obispos de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del Perú, quienes participaron de este momento como culminación de su Visita Ad Limina Apostolorum, sellando su peregrinación con un gesto de fe, gratitud y comunión con el Sucesor de Pedro.
Tras la ceremonia, el pontífice compartió un buffet organizado por la embajada de Perú ante la Santa Sede, donde también bromeó con los presentes al señalar, bajo una ligera lluvia, que se trataba de “agua bendita”.
Durante su discurso, León XIV subrayó el llamado universal a la santidad evocando la figura de Santa Rosa de Lima, primera santa de América, y pidió que su intercesión inspire a los fieles en la vida evangélica. Asimismo, elevó una oración por los artesanos que elaboraron las obras, resaltando virtudes como la fe, la esperanza, la humildad y la justicia, y exhortando a trabajar por la paz.
La escultura de Santa Rosa fue creada por el joven artista peruano Edwin Morales con mármol blanco de Huancayo, mientras que el mosaico mariano es obra de Lenin Álvarez.
Ambos trabajos fueron donados por la Conferencia Episcopal del Perú, reforzando el vínculo cultural y espiritual entre la nación andina y la Santa Sede. La ceremonia, marcada por la emoción y el simbolismo, se convirtió en un gesto de reconocimiento a la tradición religiosa peruana y a la universalidad de la fe católica.

