
En la Videna decidieron finalmente hablar portugués y presentaron a Luis Antônio Venker de Menezes, conocido mundialmente como “Mano” Menezes.
Menezes, de 63 años, no llega para aprender el oficio, llega con el respaldo de haber entrenado al Scratch entre el 2010 y el 2012 y de haber levantado trofeos con Corinthians, Cruzeiro y Gremio. El brasileño es un constructor de equipos. A diferencia de otros técnicos que se aferran a un dogma inamovible, Menezes ha demostrado ser un pragmático del orden. Su filosofía parte de una premisa clara: la solidez defensiva como plataforma para la creatividad.
En su primera comparecencia, ante la prensa peruana, el estratega fue enfático: “Los equipos se construyen de atrás hacia adelante”. Su esquema suele priorizar un 4-2-3-1 o un 4-3-3 donde el equilibrio posicional es innegociable. Para una selección que recibió 21 goles en el último proceso clasificatorio (anotando apenas 6 goles, tres de ellos contra Bolivia, en Lima), la promesa de una estructura compacta es fundamental.
El currículum de Menezes es su mejor carta de presentación. Su capacidad para gestionar la presión será vital en un entorno tan volátil como el nuestro. Sabe lo que es ascender a grandes en crisis, como lo hizo con Corinthians y Gremio, una experiencia que se asemeja al estado actual de una Bicolor que necesita recuperar la confianza perdida.
Además, su reciente paso por Gremio en 2025, donde consolidó a figuras jóvenes como el defensor peruano Erick Noriega, sugiere que el técnico ya tiene un pie dentro de la realidad de nuestro recambio generacional. Precisamente, ese es uno de sus mayores retos: gestionar el “adiós” de la última generación mundialista y la “bienvenida” de los nuevos talentos sin que el equipo se desmorone en la transición.
La llegada de Menezes ofrece tres pilares fundamentales de los que la selección ha carecido recientemente:
Identidad táctica: Un modelo de juego definido donde la salida limpia desde el fondo y el juego posicional permiten aprovechar el buen pie del futbolista peruano.
Manejo de grupo: Su experiencia con estrellas de talla mundial le otorga la autoridad necesaria para liderar el vestuario y aplicar una disciplina que parece haberse relajado.
Proyecto integral: Al integrar a su equipo de confianza (como Thiago Kosloski en la Sub-20), se busca una unificación de criterios entre las categorías menores y la selección absoluta. Menezes ha rechazado ofertas mundialistas para este 2026 —como la de Túnez— por la convicción de un proyecto a largo plazo. “Los grandes desafíos nos motivan”, declaró.
En el horizonte de la Blanquirroja, el desafío es mayúsculo: volver a ser protagonista en el continente. El tiempo y los resultados dirán si la “Mano” de Menezes es la que finalmente nos devuelva el rumbo.

