
La Navidad es, ante todo, una celebración del amor, la solidaridad y la esperanza. Nace del reconocimiento de la dignidad humana expresada en el nacimiento de un niño y, por tanto, debería tener como centro a la niñez, a la familia y a los valores que nos cohesionan como sociedad. Sin embargo, en los últimos años, esta festividad ha sido progresivamente desnaturalizada y convertida en un festival de mercaderes consumistas que poco o nada tiene que ver con su verdadero sentido.
Hoy se nos quiere imponer la idea de que la Navidad se mide por el tamaño de los regalos, por el gasto en centros comerciales o por campañas publicitarias que estimulan el consumo compulsivo. Se reemplaza el abrazo por la tarjeta de crédito, el compartir por el comprar y el tiempo en familia por la ansiedad de adquirir más. En ese proceso, los niños dejan de ser sujetos de amor y protección para convertirse en simples objetivos del mercado.
Pero la Navidad auténtica no se compra ni se vende. Se vive. Es el gesto solidario con quien menos tiene, el plato compartido, la mano tendida al anciano abandonado, al niño que sufre carencias materiales y afectivas. Es la oportunidad de recordar que ninguna sociedad puede llamarse justa si permite que millones de niños pasen estas fechas en abandono, violencia o pobreza extrema.
En el Perú, esta reflexión es especialmente urgente. Mientras algunos celebran con excesos, demasiados niños carecen de lo básico: alimentación adecuada, salud, educación y un entorno seguro. La Navidad debería interpelarnos como comunidad y como Estado sobre nuestras prioridades. No basta con discursos emotivos; se requiere compromiso real con políticas públicas que protejan a la niñez durante todo el año, no solo en diciembre.
Reivindicar la Navidad como fiesta de amor y solidaridad no es un acto nostálgico, sino profundamente político y ético. Significa resistir la lógica del consumo deshumanizante y afirmar valores que construyen ciudadanía: empatía, responsabilidad social y fraternidad.
Que esta Navidad nos recuerde que el mayor regalo que podemos ofrecer a nuestros niños no está envuelto en papel brillante, sino en un país más justo, más humano y verdaderamente solidario.
(*) Presidente de Perú Acción.
Presidente del Consejo por la Paz.
