Opinión

Santa rosa de loreto: un distrito que nació del olvido

Por: Carlos R. Repetto Castro

Santa Rosa de Loreto ha sido un rincón invisible en el mapa nacional. Aislado en la triple frontera, sostenido a duras penas por lazos comerciales con Brasil y Colombia, y olvidado por Lima, recién el 3 de julio de 2025 el Congreso decidió crear oficialmente este distrito mediante la Ley N.° 32403. La medida es histórica, sí. Y como dice el dicho “más vale tarde que nunca”.

La pregunta es incómoda y directa: ¿de qué vivía Santa Rosa antes del 5 de julio? La respuesta duele: de lo que Brasil y Colombia podían ofrecerle. Mientras sus habitantes alzaban la bandera peruana con orgullo, el Estado los dejaba a su suerte. Un Estado que solo aparecía en discursos y no en carreteras, hospitales o escuelas.

El episodio reciente con el presidente Gustavo Petro, quien reclamó que Santa Rosa no le correspondía al Perú, solo desnuda una verdad amarga: si el Sr Petro se siente con derecho a opinar sobre Santa Rosa de Loreto aparte de usarlo como distracción, es porque percibe la ausencia del gobierno peruano en la zona. ¿Qué soberanía se defiende cuando las familias de Santa Rosa cruzan el río para curarse, estudiar o abastecerse? ¿Acaso se han visto obligados a tener doble o triple nacionalidad?

La presidenta Dina Boluarte viajó ayer a Santa Rosa y prometió un fideicomiso para cerrar brechas. Buen anuncio, pero ojalá no sea otro de esos parches que no cambian la historia si no se ejecuta con rigor. Basta mirar los números: la provincia de Mariscal Ramón Castilla apenas ha ejecutado 54.6 % de un presupuesto de casi 70 millones de soles. Es decir, ni siquiera el dinero que existe se usa para transformar la vida de los peruanos de frontera. Si se está creando un fideicomiso es para uso inmediato, recordemos que los distritos tienen presupuesto asignado anualmente.

Convertir a Santa Rosa en distrito es un primer paso, pero la formalidad no alimenta a nadie. Un distrito no vive de actas ni de leyes, vive de inversión, de empleo, de servicios que garanticen dignidad. Lo que Santa Rosa necesita es un plan integral, no más promesas.

Hoy los pobladores celebran sentirse reconocidos, pero mañana volverán a la dura realidad de depender del vecino para sobrevivir. Si queremos que la frontera deje de ser una herida abierta, el gobierno debe demostrar con hechos que Santa Rosa es parte vital de su proyecto nacional. Porque, al final, la pregunta que se harán sus habitantes no es qué dice un tratado o un decreto, sino algo mucho más simple: ¿de qué vamos a vivir ahora que somos distrito?

(*) Ingeniero industrial, MBA en Finanzas, Doctorado en Desarrollo y Seguridad Estratégica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba