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Desigualdad letal: la educación peruana abandona a una tercera parte de los estudiantes

El sistema educativo peruano atraviesa una crisis profunda: persistentes inequidades de género, rezagos de aprendizaje pospandemia y desigualdades territoriales marginan especialmente a niñas, adolescentes y estudiantes rurales.

Según el CEPLAN, el 60 % de los estudiantes no comprende lo que lee, mientras que el 85,9 % no alcanza niveles adecuados en matemática, lo que evidencia un fuerte retraso en los aprendizajes.

El problema es más grave en zonas apartadas: por ejemplo, en Loreto la vulnerabilidad educativa alcanza los 44,2 puntos, casi el doble que en regiones más desarrolladas.

En los distritos con deserción histórica por encima del 5 %, la falta de infraestructura educativa, la conectividad y la rotación docente provocan que muchos alumnos ni siquiera lleguen a completar la secundaria.

El paso de primaria a secundaria supone un punto crítico: muchos adolescentes carecen de una base sólida, y la presión académica, sumada a la pobreza, impulsan el abandono en este momento clave.

La pandemia agravó estas desigualdades: la conectividad limitada en zonas rurales interrumpió el aprendizaje remoto, perdiéndose continuidad y motivación entre los estudiantes más vulnerables.

Para niñas y adolescentes, los obstáculos son aún mayores: el trabajo doméstico, el embarazo adolescente y las tareas de cuidado limitan su permanencia en la escuela, según expertos.

Además, la violencia es otro factor devastador: una de cada cinco niñas ha sufrido violencia sexual antes de cumplir 15 años, lo que interrumpe directamente su educación.

La carencia de servicios esenciales en las escuelas empeora el panorama: más del 70 % de colegios públicos no tiene agua, luz y saneamiento al mismo tiempo, afectando el ambiente escolar.

Los especialistas piden acciones urgentes: reforzar la formación docente con enfoque de género, invertir en infraestructura y reactivar evaluaciones censales para monitorear el abandono.

Para corregir el rumbo, proponen conectar programas sociales (Wasi Mikuna, JUNTOS, EBA) con políticas educativas que identifiquen estudiantes en riesgo y les brinden apoyo sostenido.

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