Opinión

La corrupción en el Estado es la causa. Todo lo demás son los efectos

Por: Fernando Cillóniz Benavides

Ahora que estamos en pleno proceso electoral, me sorprende la poca capacidad de análisis que tiene mucha gente, la mayoría en realidad, respecto de los principales problemas que afrontamos los peruanos, donde sistemática y recurrentemente aparece la inseguridad ciudadana como el problema No. 1 del país. Las encuestas de opinión consignan también, aunque siempre por debajo de la inseguridad ciudadana, los problemas económicos (desempleo e informalidad), de salud pública, de educación y de infraestructura (de agua potable, principalmente).

¿Por qué creen que la delincuencia, las extorsiones y el sicariato están fuera de control? ¿Por qué hay tanta pobreza e informalidad? ¿A qué se deben los pésimos servicios estatales de salud y educación? ¿Por qué la gente no tiene agua potable continua en sus casas y tiene que someterse a los vendedores de agua en camiones cisterna?

Todos estos problemas son efectos de una sola causa: la perniciosa corrupción estatal.

La inseguridad ciudadana es el efecto de una causa. En este caso, es la corrupción en el Estado. Concretamente, en el Ministerio del Interior, en la PNP, en el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) y en el Ministerio Público y Poder Judicial.

El desempleo y la informalidad laboral son el efecto de la corrupción en las municipalidades y ministerios.

Las colas de amanecida de los pacientes pobres y la falta de medicamentos y equipos en los hospitales y centros de salud estatales son el efecto de la corrupción en el Minsa, en EsSalud, en los hospitales de las Fuerzas Armadas y Policiales y en los Gobiernos Regionales encargados de la salud pública en el interior del país.

La pésima educación superior es el efecto de la corrupción en el Congreso de la República y en el Estado en general, plagado de políticos involucrados en universidades de pésima calidad educativa. Aquí el problema se agrava porque, además de la estafa académica a millones de jóvenes, los dueños de dichas universidades tienen sometidos al Ministerio Público y al Poder Judicial mediante la docencia remunerada de muchos magistrados que no saben ni lo que hablan.

La falta de agua potable para millones de familias es el efecto de la corrupción en el Ministerio de Vivienda y en la mayoría de distritos y provincias de nuestro país, cuyos alcaldes y regidores, la gran mayoría, están involucrados en el vil negocio de la venta de agua en camiones cisterna.

En el Gobierno Regional de Ica (en el período 2015-2018) fuimos de frente a la yugular de la diosa corrupción. Y nos fue muy bien. Los directores de los hospitales que maltrataban cruelmente a los pacientes fueron sancionados y los corruptos fueron destituidos.

En el sector educación, además de la notable mejora en los aprendizajes de los estudiantes (medido a través de las pruebas PISA), nuestros programas extracurriculares fueron ampliamente valorados por los iqueños: el Coro Sinfónico con cerca de 2,000 niños, la Biblioteca Rodante que recorría toda la región, el Gran Amauta que juntaba a adultos mayores con niños, la Bala Chinchana que promovió la práctica del atletismo, el Centro de Alto Rendimiento de fútbol escolar que nos llevó a lo más alto a nivel nacional en esa categoría, la incubadora TecnológICA que apoyó y descubrió decenas de jóvenes innovadores brillantes. ¡Una maravilla!

La corrupción en el Estado es la causa de todos nuestros males. Ergo, eliminando la corrupción en el Estado, tal como hicimos en Ica en el período 2015 al 2018, ¡santo remedio! ¿Intindiquichu manachu?

(*) Exgobernador regional de Ica.

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