
Es muy difícil que alguien no conozca “Un cuento de Navidad” de Charles Dickens, que narra la historia del tacaño Ebenezer Scrooge, quien es visitado por el fantasma de su antiguo socio, Jacob Marley, el cual, arrastrando pesadas cadenas por su vida codiciosa, le anuncia que tres fantasmas lo visitarán para darle una última oportunidad de redención. En sucesión, los fantasmas de las navidades pasada, presente y futura llegan a visitarlo. Después de sus visitas Scrooge se arrepiente y cambia para bien.
A poco más de dos semanas del 12 de abril, como Jacob Marley al Ebenezer Scrooge del cuento, las encuestas anuncian que los peruanos seremos visitados por el fantasma de la elección pasada. Aunque no veo que la ocasión esté siendo leída como una oportunidad de arrepentimiento y redención. Más bien, todo indica que la derecha y la izquierda populares volverán a enfrentarse en la segunda vuelta, sin aprender ni olvidar nada.
¿Cómo es posible esto? Por una parte, es el efecto indeseable del cóctel de polarización, populismo y posverdad que la izquierda impopular, la celebérrima izquierda caviar, ha hecho beber al país. Guste o no, el Perú se ha dividido entre los enemigos del modelo económico y quienes desean conservarlo como está. También entre los buenos, que alegan ser los primeros, y los malos, que se dice son los segundos. Por la otra, está la fragmentación extrema inducida por la reforma política del indescriptible Martín Vizcarra, diseñada por la minúscula izquierda caviar para convertir al Perú, para su conveniencia, en una Liliput política que les fuese posible conquistar.
Si esto es así, ¿por qué la confrontación no será entre un candidato de la derecha y otro de la izquierda caviar? La izquierda caviar, por su presencia en medios de comunicación y redes sociales, marca la agenda. Pero es impopular. No encarna en el pueblo. Sus representantes gustan de hablar raro -les encantan las palabras de cuatro sílabas, porque creen que lucen más inteligentes-; trae una agenda supuestamente cosmopolita, pero frívola para un sector popular que, siendo de izquierda, es al mismo tiempo conservador; y ha sido incapaz de encontrar un líder -tomo prestada la expresión de Juan Carlos Tafur- con rostro identitario. Los caviares son estalinistas demasiado nice para el paladar popular. Las encuestadoras insisten en guiar a la opinión pública en lugar de reflejarla. Inflan candidatos a diestra y siniestra, para que, siempre al último, presenten las cifras reales como si fuesen sorprendentes. Ya es una costumbre -un mal hábito, en realidad- ver que los resultados electorales desmienten a las encuestadoras y, según parece, esta vez no será diferente.
¿El fantasma de la elección pasada nos anuncia el mismo resultado de 2021? ¿La izquierda popular volverá a derrotar a la derecha popular? ¿Una vez más la derecha jugará a agitar el cuco del comunismo frente a un electorado popular que le ha perdido el miedo eso? ¿La derecha peruana será capaz de innovar? ¿O vendrá otro período de alta tensión política y estancamiento económico? ¿Quizás la malhadada fragmentación política vuelva a salvarnos del salto al vacío? Todo eso y mucho más en el próximo capítulo de “Un cuento electoral”, dickensiana creación de nuestra política nacional.
(*) Abogado penalista

