
En el siglo XIX el ferrocarril era sinónimo de progreso, la máquina que podía trasladar personas y semovientes, transportar carga y acortar la distancia de tiempo para que llegue el correo; esto significó un verdadero milagro de la industria.
El primer ferrocarril del Perú y de Sudamérica fue inaugurado en 1851 y unía la ciudad de Lima con el puerto del Callao. Lo siguió después el de Tacna a Arica en una concesión entregada al señor José Hegan en 1851 quien antes de la guerra de 1879 entregó la concesión a la empresa inglesa Arica & Tacna Railway Co.
Hasta ese momento la construcción de vías férreas se estaba dando en un contexto de normalidad; pero la llegada de Henry Meiggs al Perú quien logra culminar el ferrocarril de Mollendo-Puno-Cuzco con muchísima corrupción, hace que los ferrocarriles se conviertan en una pesadilla por la corrupción que trajo y los funestos resultados económicos que arruinaron al Perú y en medio de esa crisis nos encuentra la guerra con Chile.
Meiggs hizo varios proyectos ferroviarios en el Perú, entre otros el del ferrocarril central y el de Chimbote a Huaraz que no fue culminado y llegó solo a Huallanca para posteriormente el terremoto de 1970 lo inutilizara. Todo esto le significó un fuerte desembolso al estado peruano siendo saqueados durante la guerra con Chile y el contrato Grace que entregó la administración de nuestras líneas férreas a la empresa Peruvian Corporation no les dio el mantenimiento dejándolos en muy mal estado cuando terminó la concesión.
Leguía hizo algunas líneas férreas y de allí la política ferrocarrilera se paralizó, porque la administración de los ferrocarriles del Estado la tenía la empresa Peruvian Corporation que fue sucedida por la Empresa Nacional de Ferrocarriles del Perú (ENAFER) y porque los gobiernos de turno les dieron importancia a las carreteras. Belaunde en su segundo gobierno hizo mejoras en el ferrocarril central con túneles y un nuevo trazado en la zona de Tornamesa para evitar los constantes huaicos en la zona que paralizaban el tránsito ferroviario.
Casi al finalizar el siglo pasado, se volvió a ver en los ferrocarriles como la solución para el transporte masivo en Lima, y durante el primer gobierno de Alan García se inició la construcción del tren eléctrico cuya estructura aérea se veía abandonada por cerca de 20 años hasta su inauguración el 11/7/2011, faltando pocos días para que culmine su segundo mandato Alan García.
Como en los otros ferrocarriles el tren eléctrico de Lima se vio envuelto en la corrupción al estar en medio la empresa brasileña Odebrecht y la peruana Graña y Montero instituciones abiertamente corruptas que se han visto obligadas por su fama hasta de cambiar su nombre.
Recientemente por gestión del actual alcalde de Lima Rafael López Aliaga se logró que le donaran varias locomotoras y coches para el transporte en la capital, y antes de recibir la aprobación se le ataca y se le seguirá atacando hasta que esté totalmente operativo.
La donación es bienvenida. A caballo regalado no se le mira el diente -dice el refrán-y es incuestionable que beneficiará a la ciudad. Podemos criticar las formas que el alcalde tiene para ejecutar sus acciones, mientras eso es lo que molesta a muchos especialmente aquellos que son muy legalistas o simplemente critican gratuitamente como buenos adversarios. ¿Esto nos hubiésemos ahorrado si hubiera reelección de alcaldes? En suma, desde la construcción de los trenes de Meiggs hasta los de Odebrecht siempre ha habido corrupción, esperamos que en el tren de Porky no la haya y que sea el inicio de obras públicas importantes transparentes y sin corrupción.
(*) Abogado y excongresista.
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