
El mensaje por los 100 días de gobierno de la presidenta debe leerse con la serenidad que exige la República. No como un examen final, sino como un primer corte de caja. Ella misma lo advirtió: en 100 días no se resuelven los problemas acumulados durante años, pero sí alcanza para demostrar una manera de gobernar.
Esa frase es la clave de lectura más honesta de su discurso. Porque, en un país con un Estado lento, con trámites que duran meses y obras que maduran en años, confundir gestión con resultado es el error más frecuente de la política peruana. Lo que sí se puede hacer en 100 días.
Desde el punto de vista técnico, 100 días equivalen a poco más de tres meses de ejecución presupuestal efectiva. En ese tiempo, un gobierno puede hacer tres cosas con rigor: ordenar, destrabar y decidir.
Ordenar significa aprobar planes, reasignar presupuestos, nombrar equipos y fijar prioridades. Destrabar significa reactivar expedientes paralizados, agilizar certificaciones ambientales y retomar obras detenidas. Decidir significa emitir decretos, dar predictibilidad al inversionista y corregir errores visibles.
Lo que no puede hacer, por más voluntad que tenga, es diseñar, licitar, contratar y entregar una obra de envergadura. El ciclo de inversión pública peruano lo impide: perfil, viabilidad, expediente técnico, certificación presupuestal, proceso de selección, contrato, ejecución, supervisión y liquidación.
Cada etapa tiene plazos legales, controles y riesgos. Por eso, quien conoce la burocracia sabe que una obra inaugurada en noviembre no nació en agosto. Un inventario necesario, pero con autoría compartida.
Allí radica la observación central, expresa da con respeto y sin desmerecer el esfuerzo del nuevo gobierno: buena parte del balance presentado sonó más a inventario de continuidad del Estado que a cosecha propia. No es una crítica moral, sino una constatación técnica.
Las obras de prevención frente al fenómeno de El Niño, los puentes, las defensas ribereñas y las certificaciones ambientales para proyectos por más de 10 mil millones de dólares responden a procesos iniciados, tramitados y, en muchos casos, ejecutados durante la gestión de la expresidenta constitucional, Dra. Dina Boluar te Zegarra, hechos que no recibieron la cobertura correspondiente por parte de los medios de comunicación.
Lo mismo ocurre con las cifras de seguridad: desarticular organizaciones criminales es resultado de investigaciones que llevan meses y de labores de inteligencia acumuladas.
Reconocerlo no resta mérito. Gobernar bien también es saber continuar lo bueno, corregir lo malo y acelerar lo lento.
El problema aparece cuando la comunicación oficial no distingue entre obra heredada, obra destrabada y obra nueva. Esa distinción no es un capricho académico, sino la base de la rendición de cuentas. (Continuará) “El mensaje de los 100 días no debe leerse como un examen final, sino como un primer corte de caja. Y en ese corte, la honestidad técnica vale más que el aplauso”.
*Exministro de Transportes y Comunicaciones. | Presidente fundador del Partido Político Democracia y Libertad.
