Nueva escala salarial para el maestro universitario 2026: cuando la dignidad del docente es una causa nacional
Por Roberto Sánchez R.

Fernando Antonio Flores Limo, catedrático de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta), opina sobre el aumento desde una perspectiva netamente academicista.
Tras el anuncio del Gobierno de una nueva escala salarial para profesores universitarios y los importes por categoría, se abrió un halo de esperanza en el sector de docentes de la educación superior.
Gestión de sueldos. El Ejecutivo dio luz verde este viernes 30 de octubre al nuevo esquema de ingresos mensuales destinado a catedráticos ordinarios y contratados de las casas de estudios superiores del Estado.
Fernando Antonio Flores Limo, catedrático de la Universidad Nacional, planteó una agenda que vincule el reconocimiento económico con la mejora de la enseñanza, la investigación y la vida universitaria.
La conversación propuesta dedica una atención especial a la universidad La Cantuta y a sus docentes, y reclama acuerdos cuyo cumplimiento pueda conocer la ciudadanía.
La dignidad docente y su importancia para el país
La charla se desarrolló así:
¿Qué debería comprender el Perú cuando un maestro universitario pide una remuneración justa?
Debería comprender qué trabajo está reconociendo. Un profesor prepara a quienes después atenderán una emergencia, dirigirán una escuela o asumirán una responsabilidad pública. Esa formación requiere conocimientos actualizados, tiempo y cuidado.
Cuando discutimos su remuneración, también discutimos las condiciones en que se forman esos futuros profesionales. La dignidad pertenece a la persona y merece respeto siempre.
Una remuneración justa es una manera concreta de reconocerla: permite sostener un hogar, atender la salud y continuar estudiando. El país debe escuchar estas demandas con seriedad y responder mediante compromisos que puedan cumplirse.
La ciudadanía suele ver las horas de clase. ¿Qué parte del trabajo universitario permanece fuera de esa mirada?
La clase empieza cuando se revisan fuentes, se seleccionan lecturas y se decide cómo explicar un problema. Después vienen las evaluaciones, las consultas y las correcciones.
Una tesis requiere varias lecturas y observaciones que ayuden al estudiante a comprender por qué debe cambiar una decisión metodológica o fortalecer un argumento.
Según su dedicación, el profesor también investiga, integra jurados y participa en tareas de gestión. Para distribuir esa carga con justicia, la universidad debe reconocer cuánto tiempo exige cada actividad.
Una agenda llena de encargos puede dejar muy poco espacio para preparar bien la enseñanza. Esa organización merece una revisión seria.
¿Qué respondería a quienes consideran que la vocación debería bastar para sostener la docencia?
La vocación explica por qué asumimos esta responsabilidad y por qué nos importa el aprendizaje de nuestros estudiantes. También necesitamos descanso, atención médica y seguridad económica.
Convertir la entrega del maestro en una razón para postergar sus necesidades termina desgastando la profesión.
Hay una pregunta que debemos hacernos como sociedad: ¿qué condiciones ofrecemos a una persona para que pueda dedicar su vida a enseñar?
Quien elige la docencia debe encontrar una carrera viable, con oportunidades de desarrollo y exigencias claras. Cuidar esa posibilidad también permite que las nuevas generaciones consideren la universidad como un lugar donde construir su futuro profesional.
¿Cómo se conecta esta reivindicación con las preocupaciones de los estudiantes y sus familias?
Una familia espera que su hijo encuentre profesores preparados, evaluaciones justas y orientación cuando aparece una dificultad. Esas expectativas necesitan respaldo institucional.
Si un docente dispone de tiempo razonable para leer un trabajo y conversar sobre sus errores, puede ofrecer una ayuda más cuidadosa.
Por supuesto, una mejora salarial no garantiza por sí sola una mejor enseñanza. Debe acompañarse de formación pedagógica, recursos y seguimiento del aprendizaje.
Mi planteamiento vincula ambas responsabilidades: reconocer el trabajo del profesor y asegurar que la universidad responda a sus estudiantes. Las familias tienen derecho a conocer qué mejoras se realizan y cómo se evalúan.
La Cantuta y el reconocimiento a sus maestros
¿Qué lugar ocupa la universidad La Cantuta en esta reflexión sobre la dignidad del maestro?
La Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, merece un reconocimiento por su dedicación a la formación de educadores.
Pensar en ella nos lleva a una responsabilidad muy concreta: preparar a quienes tendrán a su cargo el aprendizaje de niñas, niños, adolescentes y futuros profesionales.
Ese reconocimiento debe acompañarse de apoyo a la formación pedagógica, a las prácticas y a la investigación educativa.
Honrar a La Cantuta implica respaldar su capacidad de responder a las necesidades de las escuelas y de las comunidades. Su nombre debe convocarnos a cuidar la calidad de la educación y el respeto por cada persona que participa en ella.
¿Qué mensaje desea dirigir especialmente a los maestros cantuteños?
A los maestros cantuteños les expreso mi reconocimiento por el trabajo de formar educadores y por la responsabilidad que esa tarea supone.
Una explicación paciente, una observación rigurosa o una orientación oportuna pueden acompañar a un estudiante mucho después de haber dejado el aula. Ese esfuerzo merece gratitud y condiciones adecuadas para continuar.
Invito también a sostener una comunidad académica que escuche a sus docentes, acompañe a quienes empiezan y reconozca la experiencia de quienes han dedicado su vida a enseñar.
La identidad cantuteña puede expresarse en el trato respetuoso, la investigación honesta y el compromiso con las escuelas que necesitan mejores oportunidades.
¿Cómo puede convertirse ese homenaje en un compromiso útil para la universidad y el país?
Podría expresarse en proyectos donde docentes universitarios y profesores de escuela trabajen juntos sobre dificultades concretas de aprendizaje.
También en mejores condiciones para las prácticas preprofesionales, asesorías de tesis cuidadosas y programas de actualización vinculados con las necesidades de las aulas.
La propia comunidad debe participar en la definición de esas prioridades y conocer los recursos disponibles.
Reconocer a los maestros cantuteños supone dar valor a sus aportes y escucharlos cuando explican qué necesitan para trabajar mejor. Un homenaje cobra sentido cuando deja una mejora que los estudiantes y los profesores pueden experimentar.
Contratación, presupuesto y gestión universitaria
¿Qué atención merecen los docentes contratados y quienes recién ingresan a la carrera?
Merecen reglas de contratación transparentes, pagos oportunos y una explicación clara de sus responsabilidades.
La incertidumbre sobre la continuidad puede dificultar la planificación de un curso o la participación en un proyecto. Por eso, las decisiones deben comunicarse con oportunidad y sustentarse en criterios verificables.
Propongo, además, acompañamiento pedagógico y oportunidades de actualización para quienes empiezan.
Las posibilidades de ingreso y desarrollo profesional deben responder al mérito y a las normas aplicables, con evaluaciones imparciales.
La universidad necesita que el talento encuentre una trayectoria posible y que las exigencias académicas se correspondan con los recursos ofrecidos.
¿Cómo financiar mejoras cuando el presupuesto también debe cubrir laboratorios, bibliotecas y bienestar estudiantil?
Necesitamos conocer los costos y decidir prioridades con información pública. Propongo un diagnóstico compartido entre las entidades competentes, las universidades y la representación docente.
A partir de allí, cada medida debe identificar su financiamiento y sus efectos sobre las demás necesidades académicas.
Si una mejora requiere etapas, esas etapas deben quedar justificadas y sujetas a seguimiento.
La discusión debería integrar remuneraciones, recursos para enseñar y servicios al estudiante.
Prometer sin respaldo deteriora la confianza; establecer compromisos financiados permite exigir su cumplimiento.
También corresponde revisar cómo se ejecuta el presupuesto y corregir gastos o procedimientos que no aporten suficientemente a la formación.
¿Qué pueden hacer las autoridades universitarias desde su propia gestión?
Pueden revisar la distribución de tareas, simplificar trámites y organizar mejor los servicios que respaldan la docencia.
También pueden escuchar a los profesores y estudiantes antes de adoptar decisiones que afectan el trabajo del semestre.
Cada exigencia administrativa debería justificar qué aporta a la calidad o a la transparencia.
Una gestión responsable comunica sus criterios, publica información comprensible sobre sus recursos y atiende reclamos por canales que funcionen.
Hay mejoras que requieren presupuesto adicional y otras que dependen de decisiones de organización.
Identificar ambas permite actuar con mayor claridad y evita que las dificultades se conviertan en una explicación permanente para postergar soluciones.
Investigación educativa e inteligencia artificial
En una universidad dedicada a formar educadores, ¿qué investigación debería recibir mayor atención?
La investigación que ayuda a comprender los problemas educativos y produce conocimientos que pueden discutirse y utilizarse.
Por ejemplo, estudiar por qué un grupo tiene dificultades de comprensión lectora requiere un problema bien delimitado, decisiones metodológicas justificadas y un análisis honesto de la evidencia.
Conviene apoyar vínculos con las escuelas y devolverles los resultados de manera comprensible.
Publicar permite someter los hallazgos al examen académico, pero también debemos valorar si las investigaciones orientan nuevas preguntas o mejoras pedagógicas.
Para sostener ese trabajo se necesitan fuentes, formación y tiempo. Los indicadores deben reconocer la calidad y la integridad de las contribuciones.
¿Qué cambia en esta responsabilidad con la presencia de la inteligencia artificial?
La universidad debe enseñar a utilizar estas herramientas con criterio. Un texto convincente puede contener errores, referencias inexistentes o afirmaciones que no se desprenden de la evidencia.
El estudiante necesita aprender a verificar y a explicar las decisiones de su propio trabajo.
Propongo acuerdos claros sobre los usos permitidos, la declaración de asistencia tecnológica y la protección de la información.
También evaluaciones que permitan apreciar el proceso de aprendizaje mediante borradores, sustentaciones y aplicaciones a problemas concretos.
El profesor necesita formación para orientar ese uso. Su juicio pedagógico y la atención a la persona siguen siendo responsabilidades que la institución debe cuidar.
Reconocimiento a docentes jubilados y acuerdos para el futuro
¿Cómo debería reconocerse a los profesores de larga trayectoria y a los jubilados?
Con respeto a su experiencia y atención a sus condiciones de vida. La salud y la jubilación deben formar parte de una discusión integral sobre la profesión, dentro de las competencias y reglas correspondientes.
El reconocimiento merece acompañar al maestro cuando cambia su vínculo con el trabajo.
Las universidades también pueden ofrecer formas voluntarias y adecuadamente reguladas de mentoría o participación académica.
Quien desea compartir su experiencia puede orientar a profesores jóvenes o contribuir a la memoria institucional.
Esa participación debe respetar su descanso y sus decisiones. La gratitud se expresa al escucharlos y atender sus necesidades con la misma seriedad que reconocemos sus aportes.
¿Qué primer acuerdo concreto propone para que esta entrevista tenga una consecuencia práctica?
Propongo una agenda de trabajo pública que empiece por identificar las necesidades y las medidas ya comprometidas.
Cada acuerdo debería indicar qué entidad tiene competencia, quién responde por su ejecución, qué financiamiento necesita y en qué plazo se revisarán los avances.
Los docentes y estudiantes deben poder consultar esa información.
La agenda debería abordar las remuneraciones, la contratación y la carga académica, junto con los apoyos para enseñar e investigar.
Sugiero informes periódicos que expliquen avances y dificultades.
En La Cantuta, como en cada universidad, las prioridades deben construirse con su comunidad. Una mesa de diálogo merece evaluarse por las soluciones que logra concretar.
¿Cómo sostener las demandas y, al mismo tiempo, cuidar el vínculo con los estudiantes?
Explicando las razones de las demandas, escuchando las preocupaciones del alumnado y manteniendo canales de diálogo.
Los estudiantes necesitan información oportuna sobre cualquier situación que afecte su formación. También merecen que sus dificultades se incorporen a las decisiones institucionales.
La defensa de los derechos docentes debe conducirse con respeto por las personas y mediante las vías correspondientes.
Las autoridades, por su parte, tienen la responsabilidad de responder con propuestas sustentadas.
A las familias y a la ciudadanía les pediría que conozcan el trabajo universitario y acompañen la exigencia de compromisos verificables.
La confianza crece cuando cada parte puede reconocer responsabilidades y resultados.
Mensaje final al Perú y a los maestros cantuteños
Para cerrar esta entrevista, ¿qué les diría hoy al Perú, a la universidad La Cantuta y a sus maestros?
Al Perú le diría que el reconocimiento a sus maestros universitarios debe verse en las decisiones que toma.
Quien prepara a otros para servir a la sociedad necesita condiciones para seguir aprendiendo, enseñar con cuidado y vivir con tranquilidad.
Esa preocupación merece un lugar sostenido en la agenda pública.
A La Cantuta y a los maestros cantuteños les expreso gratitud por su dedicación a la formación de educadores.
Que ese reconocimiento nos impulse a cuidar nuestra comunidad, exigir mejoras con fundamento y responder con honestidad a los estudiantes.
Invito a las autoridades competentes a establecer acuerdos con recursos y plazos conocidos.
Los maestros merecen respuestas que puedan comprobar en su vida cotidiana.
