Los departamentos más ricos y más pobres del Perú: el peso de la minería y los vertiginosos cambios regionales
Por: Rubén Valerio

El panorama económico del Perú muestra una marcada brecha entre sus departamentos. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el análisis del PBI per cápita mensual de 2025, es decir, el valor de la producción económica regional dividido entre su total de habitantes, permite entender cómo se distribuye realmente la riqueza en el país y qué factores están reconfigurando el mapa nacional.
Los extremos de la tabla: el liderazgo minero
En la cima de la economía regional se consolida Moquegua, registrando un impactante PBI per cápita de S/ 10,413 al mes, cifra que supera por más del doble al segundo lugar. El grupo de las siete regiones con mayores ingresos lo completan Apurímac (S/ 4,991), Ica (S/ 4,172), Pasco (S/ 3,906), Tacna (S/ 3,654), Lima (S/ 3,403) y Arequipa (S/ 3,024).
Con excepción de Lima, seis de estos siete departamentos comparten una característica fundamental: la minería e hidrocarburos representan el principal motor de su economía, llegando a explicar hasta el 75 % de la producción total en casos como el de Apurímac. El alza internacional en las cotizaciones de los minerales ha sido el gran catalizador para elevar los ingresos por habitante en estas zonas.
En la otra cara de la moneda, las regiones volcadas al comercio, la agricultura o la ganadería ocupan los peldaños más bajos. San Martín se ubica en el último lugar nacional (puesto 24) con un PBI per cápita de apenas S/ 1,317 mensuales, escoltado por Ucayali (S/ 1,323), Amazonas (S/ 1,384), Loreto (S/ 1,403), Huánuco (S/ 1,581), Lambayeque (S/ 1,607) y Puno (S/ 1,710). En estos territorios, donde la actividad agropecuaria representa hasta un 43 % del PBI, la escasa industrialización y el bajo valor agregado limitan de forma severa el bienestar económico promedio.
Dinámicas poblacionales y el impacto de la informalidad
La evolución en los últimos años deja lecciones importantes:
- Lima y Arequipa en rezago: Lima cayó del puesto 2 al 6 al carecer de un sector extractivo dominante en un periodo de bonanza minera. Arequipa descendió del puesto 4 al 7; si bien su economía es sólida, un acelerado crecimiento demográfico (+23.9 %) por ser el polo de atracción del sur diluyó su ingreso per cápita.
- Pasco en ascenso: Escala posiciones gracias a una producción constante combinada con una pérdida progresiva de población (-7 %).
Madre de Dios e informalidad: Muestra el menor avance del PBI formal (+9 %) pese a un fuerte aumento poblacional (+24.4 %), reflejando el avance de la minería ilegal, que desplaza a las actividades reguladas y resta ingresos a las cifras oficiales. El dato que lo demuestra es que su PBI de minerales e hidrocarburos disminuyó 13 % desde 2019, y la minería ilegal sigue al alza.
El ejemplo de Apurímac
El caso más inspirador lo protagoniza Apurímac, que hasta hace una década figuraba como el departamento más pobre del país. Al apostar decididamente por la gran minería, logró dar un salto histórico hasta convertirse en la segunda región más próspera del Perú.
El camino está trazado: para reducir la brecha regional, el Perú necesita identificar la vocación productiva de cada territorio, atraer inversión responsable y convertir los recursos naturales y su valor agregado en desarrollo sostenible para sus ciudadanos.
(*) Analista de la Realidad mediante datos
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