
Aunque tengo a la mano mi artículo sobre la flamante Premio Nobel de Literatura, Anne Carson, la coyuntura global y la creciente carrera armamentista me llevan a compartir esta columna escrita hace años, cuya vigencia resulta incuestionable. Cada vez estoy más convencido de que la educación debe enseñarnos a vivir en armonía. Por ello, recordamos el fatídico 8 de octubre de 1879, como una absurda guerra entre Chile y Perú.
En ese sentido, más allá de la gesta heroica de Miguel Grau, deseo destacar sus ideas pedagógicas, expresadas en cartas declaradas Patrimonio Cultural de la Nación peruana. Estas trascienden el tiempo y las circunstancias, convirtiéndolo en una figura inspiradora para las nuevas generaciones.
Grau fue un visionario que promovió la convivencia humana mediante la educación, la democracia, la justicia y la solidaridad. Su compromiso con la humanidad se evidenció al escribir una emotiva carta de condolencias a la viuda del capitán chileno Arturo Prat, demostrando que las guerras son circunstanciales, pero el amor al prójimo es trascendental.
Por ello, actualmente recordamos su inmolación con múltiples conmemoraciones. Sin embargo, considero que el mejor tributo a su sagrada memoria es vivir en armonía con nuestros vecinos y cooperar en la construcción de un continente más fraterno, mediante un currículo educativo que aglutine a todas las personas con una visión compartida bajo el ala de la democracia.
Asimismo, en esta transformación, una de las funciones de la educación es enseñar a perdonar a los demás. Grau lo demuestra en una de sus cartas al suplicar perdón a su esposa por si la hubiera ofendido intencionalmente.
Esa humildad para reconocer sus errores es otro legado que podemos reivindicar como la pedagogía del perdón, para construir un futuro esperanzador y dejar atrás las heridas del pasado.
Además, en esa carta, Grau hace pedagogía: «Pedirte atiendas con sumo esmero y tenaz vigilancia a la educación de nuestros hijos idolatrados». Con estas palabras, encomienda una enorme tarea al Estado, al sistema educativo y a los maestros: brindar educación a todos, pues quizá, si su generación hubiera recibido una formación orientada a la paz, la historia habría sido diferente.
Finalmente, Miguel Grau nos encomendó educar a todas las personas, cultivando la mente y el corazón para vivir en armonía y evitar que se repitan las absurdas guerras.
*Experto en posicionar la marca personal en las redes digitales y editor de revistas universitarias y pedagógicas.
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