
Los terremotos, las inundaciones y otros desastres naturales que hemos visto recientemente en distintas partes del mundo vuelven a recordarnos una verdad que muchas veces preferimos dejar para después: los fenómenos naturales no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse cuando un país se prepara con anticipación.
Según CENEPRED, 14,8 millones de personas y más de 4,6 millones de viviendas ubicadas en 181 distritos de 14 departamentos se encuentran en riesgo muy alto ante un sismo, mientras que las autoridades también han identificado 536 puntos críticos frente a los efectos de El Niño y estiman que 1,2 millones de peruanos podrían verse afectados por inundaciones y huaicos.
A esto se suma un problema que podemos observar en muchas ciudades: la construcción informal, las viviendas levantadas sin asistencia técnica y las edificaciones ubicadas en zonas vulnerables aumentan considerablemente el riesgo, porque una emergencia puede convertir una debilidad estructural que parecía invisible en una tragedia de grandes dimensiones.
Personalmente, creo que aquí tenemos uno de nuestros mayores desafíos, porque no basta con organizar simulacros o preparar una mochila de emergencia si al mismo tiempo existen millones de viviendas expuestas a daños severos, por lo que la prevención debería comenzar mucho antes de que ocurra el desastre.
En ese sentido, resulta necesario ampliar los programas de reforzamiento de viviendas vulnerables y facilitar que las familias puedan acceder a asistencia técnica, especialmente aquellas que no cuentan con recursos para realizar mejoras estructurales por cuenta propia, mientras las municipalidades deberían fortalecer la fiscalización de nuevas construcciones y evitar que continúe creciendo la ocupación de zonas de alto riesgo.
También debemos mirar más allá de las viviendas, ya que hospitales, colegios, carreteras, puentes, sistemas de agua y otras infraestructuras públicas esenciales necesitan estar preparados para continuar funcionando después de una emergencia, porque una ciudad que pierde sus servicios básicos tiene muchas más dificultades para recuperarse.
El Perú no parte de cero, pues existen instituciones, sistemas de alerta, mapas de riesgo, protocolos y programas de prevención, además de iniciativas recientes del Ministerio de Vivienda para reforzar viviendas vulnerables, pero el verdadero reto consiste en convertir toda esa planificación en acciones sostenidas y de mayor alcance.
Los desastres naturales forman parte de una realidad que no podemos controlar y esa es la razón por la que debemos preguntarnos desde ahora: desastres naturales: ¿qué tan preparado está el Perú?
(*) Mg. CPC. y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
