Opinión

Censurar la censura

Por: José Luis Gil

Como era obvio, los intentos de la izquierda radical y del progresismo por echar abajo al gobierno de la presidenta Keiko Fujimori no cesarían en ninguna circunstancia. El odio extremo y enfermizo que estos le profesan al “fujimorismo” tiene ahora la “oportunidad” de expresarse en actos políticos, como el insensato pedido de censura contra el ministro del Interior, César Astudillo.

Es inaudito que se pretenda censurar a un ministro con menos de dos meses de gestión con el “argumento” de que no ha hecho nada contra la inseguridad. ¿En serio estos caballeros creen que un fenómeno tan grave, monstruoso y sui géneris podrá ser detenido en un período tan corto de gestión? Esto es, por decir lo menos, ridículo.

Pero esta no ha sido la primera fechoría política, porque primero fueron por la cabeza del general Óscar Arriola, exdirector de la Policía Nacional, con quien tenían “sangre en el ojo”, desde que el valiente policía se atrevió a pechar al “hijo pródigo” del senderismo, Pedro Castillo. Lo lamentable es que la “marea roja” esparcida en los predios de la Plaza Bolívar a veces trasciende irracionalmente hasta la Plaza de Armas, cuando los propios miembros del gobierno se prestan a esa “jugada”, creyendo que con eso “calmarán” la sed de “sangre” del feroz adversario zurdo.

Todos cayeron en el juego de la estrategia zurda (entre ellos, extrañamente, el experimentado político Juan Sheput), que se especializa en armar las tristemente eficaces “narrativas” contra sus enemigos políticos, como lo es el general Óscar Arriola.

¿Pero en qué se basa esa estrategia de la izquierda progre? En realidad, se basa en la percepción errónea de quienes creen saber algo del fenómeno criminal, la manipulación perfecta de las percepciones, la desinformación de la que se encargaron sus operadores políticos y de prensa alternativa, sumadas al silencio cómplice de los neos “expertos” en inseguridad que se sumaron al “coro” perverso de cambiar al comando policial. Lo mismo pretenden hacer ahora con el ministro César Astudillo, y eso no lo podemos permitir.

Quienes conocemos tanto el fenómeno criminal como las capacidades estratégicas y operacionales de la Policía Nacional podemos decir con claridad que hoy, tanto en la gestión de Óscar Arriola como en la gestión del general César Astudillo, se está desarrollando una eficacia marcada contra los criminales, pero esta no es suficiente para pacificar el país, no porque ellos sean los responsables, sino porque la estrategia del Estado es incompleta. Quien pretenda creer que solo la eficacia policial salvará al país se equivoca totalmente. Si la eficacia policial no va acompañada de eficacia también en la lucha contra la corrupción del sistema de justicia y del aseguramiento verdadero de las cárceles, por lo menos, de nada servirá.

Por eso debemos rechazar este nuevo intento de seguir minando el gobierno actual, haciendo todos los esfuerzos para que el ministro del Interior se mantenga en el cargo, que lo dejen hacer su trabajo y que se le pida cuentas en un período razonable; de lo contrario, todo es pura politiquería, y quien sufre verdaderamente las consecuencias de las “guerritas zurdas” contra la derecha son los ciudadanos. Rechacemos y censuremos la censura zurda. ¡Vamos con todo!

(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein

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