El Perú no solo necesita inversiones, necesita buenas decisiones
Por: Rafael Velásquez Soriano

Hablar de inversión suele llevarnos a pensar en grandes proyectos, presupuestos millonarios y nuevas obras, pero gastar más dinero no garantiza necesariamente mejores resultados, porque una inversión mal planificada puede terminar convirtiéndose en infraestructura que no responde a las necesidades de la población o que resulta difícil su mantenimiento.
Según el Ministerio de Economía y Finanzas, la brecha de infraestructura y acceso a servicios básicos del país para el periodo 2024-2033 supera los 130 mil millones de soles, una cifra que evidencia la magnitud de las necesidades que todavía debe atender el Perú y, al mismo tiempo, la importancia de utilizar los recursos disponibles con criterios de eficiencia y prioridad.
El desafío no consiste únicamente en conseguir mayores presupuestos, ya que también debemos preguntarnos qué proyectos necesita realmente cada territorio, cuál será su impacto y si existen las condiciones necesarias para garantizar que funcionen adecuadamente una vez terminados, porque una obra debe evaluarse por los beneficios que genera y no solamente por cuánto costó construirla.
Una buena decisión de inversión pública debería partir de las necesidades concretas de la población y no de la conveniencia política del momento, de modo que los proyectos puedan ser priorizados según su necesidad o prioridad en la educación, la salud, la conectividad, la productividad y el acceso a servicios esenciales, entre otros.
También resulta fundamental mejorar la calidad de los estudios previos, debido a que muchas dificultades aparecen cuando los proyectos comienzan sin contar con información técnica suficiente, terrenos saneados o una planificación adecuada, situación que posteriormente puede generar modificaciones, retrasos y mayores costos en perjuicio para el Estado.
Otro aspecto que merece atención es el mantenimiento, porque una infraestructura nueva puede perder rápidamente su utilidad si no existe un presupuesto y una estrategia para conservarla, así que cada proyecto debería contemplar desde el inicio no solo cuánto costará construirlo, sino también cuánto será necesario invertir para mantenerlo operativo durante los siguientes años.
Además, la ciudadanía tiene derecho a conocer por qué se elige un proyecto y no otro, cuánto se invertirá, cuáles son sus objetivos y qué resultados se esperan, ya que transparentar estas decisiones permite fortalecer el control ciudadano y también ayuda a medir si las autoridades están cumpliendo aquello que ofrecieron.
El Perú necesita cerrar enormes brechas y para hacerlo requerirá inversiones importantes, pero también necesita funcionarios capaces de priorizar, planificar y tomar decisiones pensando en el beneficio colectivo, porque cada sol público tiene un costo para todos los ciudadanos y debería traducirse en mejores servicios, mayores oportunidades o una mejor calidad de vida.
Invertir es indispensable para transformar el país, pero decidir dónde, cómo y para quién se invierte puede marcar la diferencia entre gastar recursos y generar desarrollo, por eso el Perú no solo necesita inversiones, necesita buenas decisiones.
(*) Mg. CPC. Exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
