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Oriana Cicconi revive el legado de Claudia Dammert en “Saltimbanquis”

La actriz, hija de la recordada Claudia Dammert, interpreta a la malvada Doña Rabieta en Saltimbanquis, el clásico del teatro infantil peruano que regresa con una nueva adaptación de Gloria María Solari. La obra se presenta los sábados y domingos a las 4:00 p. m. en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú.

La presencia de Claudia Dammert sigue acompañando a Oriana Cicconi cada vez que se encienden las luces de un escenario. La recordada actriz y comediante, una de las grandes figuras de la escena peruana, no solo le dejó el amor por el teatro, sino también importantes enseñanzas que hoy forman parte de su vida artística. “De mi mamá heredé la pasión, la fuerza, el sentido del humor y, sobre todo, la libertad de ser una misma”, confiesa Oriana. “Cada vez que subo a un escenario siento que una parte de ella está conmigo”.

Pero Oriana Cicconi también ha sabido construir su propio camino. Ser hija de una artista tan querida significó un enorme orgullo, pero también el desafío de encontrar una identidad propia. “Ser ‘la hija de Claudia Dammert’ es un orgullo enorme, pero también fue un reto. Durante muchos años sentí que tenía que demostrar que podía construir mi propio camino y encontrar mi propia voz”, reconoce. Hoy, lejos de sentir la necesidad de desligarse de ese apellido, lo abraza como parte de su historia: “Soy Oriana, con mi propia historia, pero también soy profundamente orgullosa de ser su hija”.

Actriz, comediante, comunicadora y creadora de contenido, Oriana también ha encontrado en las redes sociales una nueva forma de conectarse con el público. Sin embargo, considera importante mantener ciertos límites.“Las redes son una herramienta maravillosa para conectar con la gente, pero hay que saber poner límites”, sostiene. Para ella, compartir sus proyectos y determinadas experiencias puede inspirar a otros, pero la vida privada sigue siendo un espacio que merece protección.

Su participación en Saltimbanquis representa además un reencuentro con el teatro infantil, género en el que disfruta especialmente trabajar. En esta nueva versión interpreta a Doña Rabieta, un personaje que le permite desplegar su capacidad para el humor y la actuación. “Para mí es una enorme alegría. Saltimbanquis me devuelve esa magia de hacer teatro para los niños”, afirma. La experiencia se vuelve todavía más especial al compartir escenario con sus hijas, Zoe y Gaia, y con un elenco infantil. “Un niño puede pasar horas frente a una pantalla, pero cuando entra a un teatro y ve a una persona actuando frente a él, ocurre algo irreemplazable: hay encuentro, emoción y presencia”.

Trabajar junto a niños también le ha permitido recuperar algo que los adultos suelen dejar de lado: la capacidad de jugar, imaginar y sorprenderse. Oriana considera que esa espontaneidad es una de las grandes enseñanzas que recibe del elenco infantil. Su carrera también ha estado marcada por el humor y por una mirada diferente hacia el duelo y la muerte, especialmente después de la partida de su madre, experiencia que la llevó a estudiar tanatología y a escribir El amor no muere. “Hoy entiendo la muerte de una manera mucho más humana: no como el final del amor, sino como una transformación”, reflexiona.

Mientras continúa desarrollando nuevos proyectos en el teatro, la televisión, la escritura y las redes sociales, Oriana Cicconi tiene claro que todavía quedan muchos sueños por cumplir. “No sé si existe un ‘lo hice todo’; creo que la vida justamente está en seguir soñando”, afirma. Y mientras sigue construyendo su propia historia, el recuerdo y la enseñanza de Claudia Dammert permanecen cerca, acompañándola en cada escenario. En Saltimbanquis, Oriana vuelve a encontrarse con el público familiar como Doña Rabieta, demostrando que lleva consigo un legado, pero también una voz propia.

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