Opinión

Falso nacionalismo y deporte: mala combinación

Renato me pasó el enlace (https://www.facebook.com/ reel/1064198292674809) para ver los goles de aquella eliminatoria de hace poco más de medio siglo que nos sigue doliendo. La selección tenía talento suficiente para llegar a la Copa del Mundo, pero terminó víctima de una combinación explosiva: decisiones políticas, errores dirigenciales y desaciertos del entrenador Roberto Scarone. En las eliminatorias sudamericanas, Perú y Chile quedaron igualados tras ganar cada uno su partido como local por 2-0. Venezuela, tercer integrante del grupo, se retiró.

 Fue necesario disputar un tercer partido. Chile ganó 2-1 y se quedó con el pase para el repechaje contra la Unión Soviética. Empató de visitante y los soviéticos no quisieron jugar en el Estadio Nacional de Santiago, perdiendo por W.O. Cuando uno ve los cuatro goles que nos anotó Chile se ve como la defensa peruana no respondió y que Manuel “Chicho” Uribe tuvo complicidad en dos de ellos. 

El absurdo nacionalismo del dictador Velasco Alvarado impidió que Humberto Horacio Ballesteros tapara por Perú. Ballesteros relató años después que había entrenado durante meses con la selección y que, cuando llegó el momento de obtener su pasaporte, Velasco le manifestó que sus “principios” le impedían dárselo. Acá aparece una paradoja: mientras el gobierno militar buscaba proyectar una imagen de orgullo nacional a través de la selección, una de sus decisiones más recordadas terminó siendo asociada con el fracaso deportivo. Perú pudo haber ido a cuatro mundiales seguidos.

 No solo Velasco es responsable, también el entrenador Roberto Scarone tiene parte de culpa. Nunca entenderé cómo le confió el arco al tercer arquero de Defensor Lima (Verderi era el titular y Burella su suplente). Todos sabemos que la continuidad es muy importante para un arquero y el tercero nunca la va a tener. El uruguayo tenía prestigio y experiencia. Sin embargo, durante aquella eliminatoria tomó decisiones difíciles de comprender. En los dos primeros partidos sustituyó a Teófilo Cubillas. En Lima se pudo ganar por más de dos goles y lo retiró del campo para el ingreso de José Fernández, renunciando al ataque.

“Nunca entenderé cómo le confió el arco al tercer arquero de Defensor Lima (Verderi era el titular y Burella su suplente)”. 

 En Santiago, cuando el partido estaba cero a cero, también sustituyó al “Nene” y a los pocos minutos vinieron los dos goles chilenos. Para el tercer partido, jugado en Montevideo, ni siquiera convocó a Cubillas, indicando que estaba lesionado. La imagen más dolorosa de aquella eliminación no es solamente el 2-1 de Montevideo. Es imaginar qué habría ocurrido si Cubillas hubiera jugado aquel partido, si Scarone hubiera mantenido el equipo que dominaba a Chile en Santiago y si Ballesteros hubiera podido competir por el puesto de arquero. Nunca lo sabremos. Pero precisamente por eso, Alemania 74 continuará siendo uno de los grandes “¿qué hubiera pasado si…?” de la historia de nuestro fútbol. 

(*) Periodista deportivo 

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