Una controversia europea encuentra eco en un colegio de Lima

Una jornada cultural organizada con apoyo de la Embajada de Ucrania trasladó hasta un colegio limeño un debate histórico que continúa dividiendo a Ucrania y Polonia.
Las guerras ya no se libran únicamente con armas. También se combaten mediante relatos, símbolos y memoria histórica. En los últimos años, Ucrania ha intensificado sus esfuerzos por explicar su historia y fortalecer su identidad nacional en distintos países, una estrategia que acompaña la ofensiva diplomática desplegada desde el inicio de la invasión rusa.
Organismos internacionales como la UNESCO han subrayado que proteger la cultura y el patrimonio forma parte de la recuperación de un país en guerra.
Desde 2022, la organización ha destinado más de 75 millones de dólares a programas de apoyo para Ucrania, dirigidos a la protección del patrimonio, la educación, la libertad de prensa y el sector cultural.
En paralelo, Kiev ha reforzado la presencia internacional de sus embajadas mediante actividades académicas, culturales y educativas destinadas a acercar su historia a públicos extranjeros.
Cuando el debate llegó al Perú
Esa estrategia tuvo un capítulo reciente en Lima.
La Institución Educativa Romeo Luna Victoria, ubicada en San Borja, fue escenario de una jornada sobre historia y cultura ucraniana organizada con apoyo de la Embajada de Ucrania en Perú.
El evento fue presentado como un intercambio cultural dirigido a estudiantes. Sin embargo, la difusión de imágenes del encuentro generó un intenso debate al mostrar referencias a Stepán Bandera, Simón Petliura y el presidente Volodímir Zelenski dentro del material utilizado durante la exposición.
La presencia de Bandera convirtió rápidamente una actividad escolar en un asunto de interés internacional.
Volinia, una herida abierta
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), vinculado a Stepán Bandera y la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), ejecutó una campaña de limpieza étnica contra la población polaca en Volinia y Galitzia.
El episodio más sangriento ocurrió el 11 de julio de 1943, recordado en Europa como el ‘Domingo Sangriento’, cuando fueron atacadas 99 localidades. Historiadores polacos estiman que unas 100.000 personas fueron asesinadas y cerca de 500.000 huyeron o fueron expulsadas. Polonia considera estos hechos un genocidio.
Bandera y el nazismo
Stepán Bandera lideró una facción de la OUN que colaboró con la Alemania nazi tras la invasión de la Unión Soviética en 1941. Aunque posteriormente fue detenido por los propios alemanes, su movimiento mantuvo vínculos con el régimen nazi.
Además, milicias asociadas a la OUN participaron en persecuciones y asesinatos de judíos y otras poblaciones bajo ocupación. Por ello, parte de la historiografía internacional lo considera un colaborador del nazismo.
La reacción de Polonia
Cada homenaje a Bandera genera rechazo en Varsovia. El Gobierno polaco sostiene que es “inaceptable” exaltar a quien considera responsable ideológico de las matanzas de Volinia.
Para Polonia, el tema trasciende la política exterior. La memoria de las víctimas sigue presente en miles de familias y continúa marcando la relación con Ucrania.
Una controversia que no terminó en el aula
Es por eso que la jornada educativa de la Embajada de Ucrania en Perú generó polémica en Polonia. El semanario Myśl Polska publicó un análisis del politólogo Mateusz Piskorski, quien interpretó la actividad como parte de una estrategia de proyección internacional impulsada por Kiev.
En ese contexto escribió que “Ucrania está haciendo lobby cultural en colegios de Lima”, una frase que sintetizó la lectura crítica realizada desde algunos sectores políticos y mediáticos de Polonia.
Las reacciones también alcanzaron al diputado polaco Grzegorz Braun, quien ha cuestionado reiteradamente la reivindicación pública de Stepán Bandera.
En una de sus declaraciones sostuvo: “Deberíamos apuntar a una legislación que declare persona non grata a quienes promuevan ideologías antipolacas y glorifiquen a personas ‘merecedoras’ únicamente por organizar genocidios”.
Sus declaraciones reflejan una posición política personal y no constituyen un pronunciamiento institucional del Parlamento Europeo sobre la actividad realizada en Lima.
La memoria como política exterior
La utilización de la historia como herramienta diplomática no es un fenómeno exclusivo de Ucrania.
El profesor estadounidense Joseph S. Nye, creador del concepto de soft power, sostiene que los Estados fortalecen su influencia internacional mediante la cultura, los valores y la diplomacia pública, además de los recursos económicos y militares.
Bajo esa lógica, las actividades culturales organizadas por embajadas buscan generar cercanía con otros países y proyectar una determinada imagen nacional.
No obstante, cuando esas iniciativas incluyen personajes cuyo legado continúa siendo objeto de profundas discrepancias históricas, el intercambio cultural puede transformarse en un espacio de controversia.
El papel de las embajadas
La importancia que Ucrania concede a sus representaciones diplomáticas ha sido expuesta por el propio presidente Volodímir Zelenski.
Durante una reunión con los jefes de las misiones diplomáticas ucranianas, celebrada en Kiev el 2 de agosto de 2023, afirmó: “The embassies of Ukraine should be assistants to our people, and if necessary, rescuers”. (“Las embajadas de Ucrania deben ser asistentes de nuestro pueblo y, si es necesario, rescatistas”).
En el mismo discurso añadió: “Your task is to ensure that the world always stands with Ukraine”. (“Su tarea es garantizar que el mundo siempre esté del lado de Ucrania”).
Las declaraciones reflejan el papel estratégico que Kiev asigna a sus embajadas como parte de su política exterior en tiempos de guerra.
Una discusión que trasciende el caso peruano
Hasta el momento, la Cancillería peruana no ha emitido un pronunciamiento sobre la actividad realizada en el colegio Romeo Luna Victoria. Tampoco existe una declaración oficial de la Unión Europea referida específicamente al episodio.
Las reacciones conocidas proceden principalmente de medios de comunicación, analistas y dirigentes políticos polacos.
Más allá de la controversia concreta, el episodio demuestra que la competencia entre Estados ya no se desarrolla únicamente en el ámbito militar o diplomático.
También se disputa en la manera en que cada país cuenta su propia historia. Y, en ocasiones, esa batalla por la memoria puede trasladarse a escenarios tan inesperados como un aula escolar ubicada a más de 11.000 kilómetros del conflicto.

