
Todos los años, entre los meses de mayo y julio, escribo un artículo en el que me refiero a la clamorosa ineptitud de nuestras autoridades políticas, nacionales, regionales y municipales, por no guardar parte de las abundantes aguas de lluvias para disponer de ellas en los estiajes, como ahora.
El clima en nuestro país es más o menos así: de enero a abril, siempre, desde toda la vida, llueve copiosamente. Los reservorios se llenan con las abundantes aguas de lluvias. Sin embargo, mucha agua dulce, miles de millones de metros cúbicos, se pierde en el mar.
En los veranos los ríos se desbordan. Muchos huaicos caen y arrasan con todo lo que encuentran en su camino. Pasado el huaico, todo termina embarrado, destrozado, pestilente, plagado de zancudos y mosquitos. El temible dengue reaparece, así como todo tipo de enfermedades de la piel, enfermedades diarreicas y demás.
En mayo nuestros ríos traen los últimos remanentes de agua que quedan en la sierra, y en julio, como ahora, la mayoría de nuestros ríos se secan. Es decir, empieza el estiaje, el cual dura hasta setiembre u octubre de cada año.
En este período no llueve. Los que tienen acceso a agua de reservorios o de pozos pueden regar sus cultivos y abrevar su ganado. Pero el resto la pasa muy mal. El frío intenso de la Sierra, sumado al estiaje, se vuelve invivible. Los pastos se secan. Los animales malnutridos se enferman. Incluso algunos mueren de frío, hambre y sed. Miles de familias migran a la costa o selva en busca de trabajo, comida y buen clima.
Todos los años, desde toda la vida, la tragedia de la helada en la sierra ocurre en agosto.
De setiembre a diciembre se exacerba la desesperación por el agua. Seis o siete meses de estiaje es una eternidad para cualquier cultivo o crianza. En esa temporada aparecen las primeras lluvias, pero claramente son insuficientes. Sobre todo, para los campesinos que no tienen acceso a agua de reservorios, los cuales, dicho sea de paso, son la mayoría. Por ello, todos los años, desde toda la vida, en noviembre o diciembre el Gobierno declara al agro en emergencia por sequía.
Entonces ¿por qué no hemos construido reservorios ni sembrado bosques en la sierra para evitar huaicos e inundaciones y para tener agua todo el año? ¿Por qué hemos depredado la vegetación ribereña para fabricar esteras, dejando desguarnecidos a nuestros ríos?
No nos engañemos. Nuestro Estado ha fallado estrepitosamente en materia de gestión de riesgos de la naturaleza.
Para que la situación cambie y mejore, es decir, para que los peruanos tengamos buenos servicios públicos, tenemos que despolitizar el Estado y profesionalizarlo y adecentarlo. Y eso se logra quitándole las competencias de salud y educación a los Gobiernos Regionales; quitándole las competencias de agua potable, limpieza pública y vivienda a los Gobiernos Locales; quitándole las competencias de infraestructura a los Organismos Públicos Descentralizados (OPD) que no sirven para nada. Y en su reemplazo hay que crear organismos autónomos especializados en cada una de las competencias estatales fallidas, con el concurso de los más calificados profesionales del país.
He ahí el gran desafío del nuevo gobierno que asumirá las riendas del Estado el próximo 28 de julio: despolitizar el Estado y profesionalizarlo. Si no, la costra del quinto nivel lo echará todo a perder.
(*) Exgobernador regional de Ica
