Gobierno de Keiko Fujimori afronta desafío político de crear consenso nacional: El Perú está fragmentado por la mitad
Analista político Fernando Flores Limo analiza el gran reto que asume la presidenta electa respecto a recibir un país fragmentado.

Por Roberto Sánchez R.
Lo que le queda al próximo gobierno de Keiko Fujimori es asumir el duro desafío político de generar consenso nacional. Porque gobernar un país fragmentado por la mitad no es una tarea para amateurs; es, sin duda, el mayor desafío político y moral del Perú contemporáneo, así lo consideró el analista político, Fernando Flores Limo en charla con LA NOTICIA.
Tras confirmarse los resultados de la segunda vuelta, que otorgaron la presidencia a Keiko Fujimori Higuchi con un 50.13% frente al 49.86% de su contendor, la frialdad de las cifras electorales se disuelve ante una realidad humana ineludible: el Perú duele en su división. La presidenta electa no solo asume la conducción administrativa del Estado, sino la urgente, conmovedora y sagrada misión de sanar las heridas y edificar un auténtico Consenso Nacional.
“Ya lo adelantaba la propia lideresa de Fuerza Popular en un momento de profunda introspección durante la campaña, cuando afirmó: «He aprendido de los errores del pasado. El antivoto no se combate con soberbia, se abraza con humildad. Mi compromiso no es solo con quienes marcaron el símbolo del partido, sino con cada peruano que siente temor, desconfianza o abandono».
Esas palabras resuenan no como una promesa electoral moribunda, sino como el compás que debe guiar su gobierno hasta 2031. El mandato recibido no es un cheque en blanco; es un grito desesperado de estabilidad que exige diálogo, empatía y desprendimiento mutuo. Porque, al final del día, el Perú es responsabilidad de todos.
¿Cómo se traduce esta búsqueda de consenso en el alma de la nueva administración?
El camino de la reconciliación no se decreta, se construye día a día sobre tres pilares fundamentales que apelan a nuestra identidad común:La primera gran señal de reconciliación radica en la generosidad para convocar. El fujimorismo ha dejado claro que su gestión no será un gobierno de trinchera ni un botín partidario. Siguiendo la línea programática de su equipo técnico, la presidenta electa ha manifestado la intención de estructurar un gabinete abierto, convocando a las mentes más brillantes y probas del país, independientemente de sus filiaciones previas.
¿Cree usted que desarmar la polarización exige deponer el sectarismo; gobernar con un equipo plural es reconocer que nadie tiene el monopolio de las soluciones para el Perú?
Si existe un dolor que unifica a la costa, la sierra y la selva, que no distingue entre izquierda o derecha, es el miedo a perder la vida o el fruto del esfuerzo diario a manos de la delincuencia. La extorsión y el crimen organizado han tomado por rehenes a nuestros pequeños comerciantes, transportistas y familias. El plan «Perú con Orden» no debe entenderse como un ejercicio de represión aislada, sino como un pacto de protección mutua.
¿Ahí viene la necesidad de tomar acción contra la extorsión y crimen organizado que ha asesinado a 152 transportistas urbanos?
La urgencia de implementar unidades de flagrancia y devolverle el principio de autoridad a la Policía Nacional responde a un consenso pragmático y profundamente humano: la seguridad ciudadana es el derecho matriz que nos permite ser libres. Si el gobierno logra devolver la paz a los barrios y la tranquilidad a los negocios de las MYPEs, habrá edificado el consenso más sólido y legítimo de todos: el que se vive y se respira en la vida cotidiana.
¿Se necesita unir a las regiones del sur y lograr la descentralización económica?
El verdadero test de fuego para la unidad nacional se librará en el interior del país, de manera latente en las regiones del sur que históricamente han mirado con desconfianza al fujimorismo. El consenso nacional no se firma en los escritorios de Lima; se labra en el sur andino, escuchando el eco de sus demandas legítimas. La respuesta de la nueva administración debe ser de un hondo contenido social y descentralizado. El destrabe definitivo de proyectos de envergadura, el apoyo directo a la agricultura familiar a través de infraestructura hídrica y el impulso de una minería con alta responsabilidad social y ambiental, son las herramientas destinadas a demostrar que la prosperidad económica no es el privilegio de unos cuantos. Es el momento de que el Estado llegue con obras, colegios equipados y hospitales dignos allí donde el frío y el olvido han imperado por décadas.
¿El resquebrajamiento institucional obliga a buscar la gobernabilidad ante la aspereza actual?
La edificación de este nuevo entendimiento nacional exigirá una madurez sin precedentes en la relación entre el Poder Ejecutivo, el Congreso de la República y los gobiernos regionales. El respeto absoluto a la autonomía de las instituciones clave —como el Banco Central de Reserva (BCR)— y la defensa de la estabilidad constitucional constituyen las líneas rojas que blindan el futuro de nuestra economía. A partir de ese marco, la negociación de reformas estructurales deberá transformarse en un ejercicio de diálogo constructivo, desterrando de una vez por todas la vieja confrontación parlamentaria que tanto daño le hizo a la república en años anteriores.
¿Cree usted que es muy grande el desafío que envuelve al gobierno entrante?
El desafío que enfrenta Keiko Fujimori es inmenso, pero la oportunidad histórica de redención y trascendencia lo es aún más. Tiene en sus manos la posibilidad de demostrar que la resiliencia forjada en años de dura oposición y el aprendizaje de sus propias debilidades son hoy sus mejores credenciales para unir al país. Sin embargo, el éxito de este quinquenio no depende únicamente de quien porte la banda presidencial. Depende de todos nosotros. Depende de una oposición que sepa fiscalizar con severidad, pero sin obstruccionismo; de los empresarios que deben seguir apostando e invirtiendo en el suelo que los vio crecer; de los líderes sociales que deben fiscalizar con honestidad; y de cada ciudadano que pone su esfuerzo diario en el taller, la oficina, la cátedra o el campo.
¿Es suficiente el pragmatismo técnico para calmar las aguas de la polarización?
El pragmatismo es un buen punto de partida, pero carece de alma si no va acompañado de empatía. Convocar a los mejores cuadros técnicos del país, independientemente de su color político, es una señal de madurez indispensable. El fujimorismo tiene que entender que el Estado no puede ser un botín partidario ni una trinchera ideológica. Si colocan la honestidad y el mérito por encima de la militancia ciega, comenzarán a desmontar el discurso de la confrontación. Pero ojo: los técnicos resuelven problemas, no sanan heridas. El Gabinete de Ancha Base debe complementarse con una profunda sensibilidad social que demuestre que el modelo económico sirve, antes que nada, para proteger a las familias vulnerables.
¿Puede el combate a la delincuencia convertirse en el gran punto de encuentro de todos los peruanos?
Absolutamente. La delincuencia y el crimen organizado son hoy los mayores democratizadores del sufrimiento en el Perú; no distinguen clases sociales, regiones ni opciones políticas. El plan de implementar unidades de flagrancia para procesar delincuentes en tiempo récord y devolverle el principio de autoridad a la Policía responde a un clamor de supervivencia. La seguridad es el derecho matriz: sin ella, no hay libertad, no hay inversión, no hay educación posible. Si el nuevo gobierno logra pacificar las calles y arrebatarle el control territorial a las mafias que asfixian a las MYPEs, habrá construido el consenso más legítimo y poderoso de todos: el de la tranquilidad en la vida cotidiana. El orden es el suelo sobre el cual se edifica la paz social.
¿Cómo puede la presidenta electa aplicar este «Consenso» en regiones que tradicionalmente se sienten postergadas por Lima?
El sur andino no se conquista con retórica limeña, se abraza con obras palpables y respeto a su dignidad. El consenso nacional no se firma en los escritorios de San Isidro; se labra en el Cusco, en Puno, en Arequipa, escuchando el eco de demandas que muchas veces son legítimas. Fuerza Popular tiene la oportunidad histórica de redimirse ante ese sector del país. ¿Cómo? Destrabando megaproyectos de infraestructura hídrica para la agricultura familiar, impulsando una minería con alta responsabilidad social que deje riqueza real en las comunidades, y garantizando que el presupuesto descentralizado llegue a escuelas y hospitales dignos. El fujimorismo debe demostrar con hechos que el libre mercado no es sinónimo de exclusión, sino una herramienta de prosperidad para todos.
Desde su perspectiva filosófica y metodológica, ¿cuál debe ser la «línea roja» en este proceso?
La línea roja es el respeto irrestricto al Estado de derecho y a la Constitución. Keiko Fujimori ha enfatizado que su gestión será absolutamente respetuosa de la separación de poderes y de la autonomía de instituciones clave como el Banco Central de Reserva (BCR), indispensable para mantener a raya la inflación. Cumplir esa promesa es vital para sepultar los fantasmas autocráticos de los años 90 que sus detractores agitan. El Congreso y el Ejecutivo deben transitar de la vieja y destructiva confrontación parlamentaria hacia acuerdos programáticos. La gobernabilidad no puede ser un juego de canjes políticos opacos, sino un ejercicio de madurez institucional a la luz del día.
¿Cuál es su llamado final a la acción para la ciudadanía, la oposición y el propio gobierno en este quinquenio que arranca?
Es abandonar el rol de espectadores indignados y asumir nuestra cuota de responsabilidad. El éxito o el fracaso de este gobierno hasta 2031 no depende únicamente de quien porte la banda presidencial. Si la oposición opta por el obstruccionismo ciego, si los empresarios dejan de invertir por temor, si los líderes sociales dinamitan los puentes de diálogo, el país se hundirá y nos hundiremos todos. Las urnas ya hablaron; la campaña, con todas sus pasiones, ha terminado. Las heridas están expuestas, sí, pero el futuro del Perú sigue intacto, esperando ser reclamado por sus ciudadanos. Debajo de la polarización late un solo corazón blanquirrojo. Es hora de levantar la mirada por encima de las banderas partidarias, ponernos las herramientas al hombro y recordar que el Perú es nuestra única patria, nuestra casa común. Salvarla y hacerla próspera es, de manera impostergable, una tarea que nos pertenece a todos. Manos a la obra.




