House of the dragon, crítica del tercer episodio: Pesada es la cabeza…
El nuevo capitulo de La casa del Dragón, titulado "Rhaenyra Triunfante" no necesita grandes batallas para capturar a la audiencia
Tras un par de episodios explosivos que cambiaron el equilibrio de la serie, La Casa del Dragón se lanza con un «episodio experimental», como lo describe su creador, Ryan Condal.
Aún así, el episodio se ha ganado el favor de la crítica y de los fans, teniendo hasta la fecha una puntuación de 8.5/10 en el portal IMDB, con muchas críticas positivas que señalan como el capítulo es «lo que (House of the Dragon) siempre debió ser».
El capitulo se titula, Rhaenyra triunfante, un título más bien irónico, pues vemos como la nueva reina hace frente a los peligros, deberes y complicaciones que trae su nueva posición en el trono de hierro.
Pesada es la cabeza que lleva la corona
Emma D’Arcy (Rhaenyra Targaryen) carga con el peso de un capítulo que se centra casi por completo en su perspectiva. Sin embargo, aprovecha el foco para dar una de las mejores actuaciones que ha dado durante la serie como la conflictuada reina Rhaenyra Targaryen.
Tan solo su primera escena logra transmitir a la perfección el frágil estado mental en el que se encuentra la reina. Valiéndose escasos movimientos faciales y unas cuantas líneas de diálogo, es imposible no ser cautivado por su actuación.
Desde el inicio nos muestran una herramienta recurrente de este episodio: un primer plano donde solo se mantiene enfocada la cara de D’Arcy ahogada entre diálogos y una instrumentalización magistral que transmite un conjunto de emociones imposible de describir con palabras.
Queda claro que la reciente muerte de su hijo ha desestabilizado a la reina, pero su atención es requerida por un sustancial robo a la tesorería, poniendo en peligro su coronación.
A esto se suma una crisis económica que asola con especial fuerza a los sectores más pobres del reino, los cuales acusan a los lores y mercaderes de acaparan los ahora escasos bienes.
La plantea un escenario sociopolítico complejo. Si, Rhaenyra es reina, pero tal vez no contempló como la guerra por el trono desestabilizó al pueblo que tan obstinadamente quería gobernar.
El nuevo tono de este capítulo recuerda a los intrincados escenarios de las primeras temporadas de Juego de Tronos. Pero más importante, demuestra que puede manejar personajes entrañables mientras los lleva más allá de su límite.
La reina verde y la reina negra
Contrario a lo que varios creímos, la muerte de Otto Higtower no terminó por cortar los lazos de Alicent y Rhaenyra, quienes de mala gana se ven forzadas a cooperar en una relación de poder muy desigual, con Alicent como prisionera.
Ahora conocida como la reina viuda, Alicent recrimina a Rhaenyra que era cumplio su parte del trato, alejando a Aemond del reino y bajando la guardia del castillo para la toma de poder.
Sin embargo, la desconfianza entre ambas se mantiene, con Rhaenyra sospechando de la mujer años atrás fue su amiga, viendo posibles complots en su contra, volviéndola recelosa.
Aún así, existe cierta química entre ellas, demostrada cuando Rhaenyra le pide consejo a Alicent sobre como gobernar, a pesar de que esta le advierta que no se puede gobernar sin perderse en el poder, renunciando a sus sentimientos y moralidad.
La fe y el orden
Con vista a su coronación, Rhaenyra visita al alto septum, el cual rápidamente se muestra como una poderosa fuerza contra el nuevo reinado.
Ya que se había decretado que el ahora prófugo Aegon era el rey por deseo de los dioses, el alto septum no acepta declarar a Rhaenyra como la nueva reina legítima ante la fe.
Tras su discusión, le advierte a la reina que no haga un enemigo de la fe, pues esta tiene una poderosa influencia en el reino.
Sin embargo, Rhaenyra busca ganarse el afecto del pueblo de forma más directa, reuniendo a los nobles menores y mercaderes para un banquete donde sirve ratas como plato principal, obligándolos a ver la comida a la que recurre la clase baja del reino.
No solo esto, pues les informa que los guardias reales se encuentran saqueando las reservas de los ricos para que ella misma pueda repartírselo a los hambrientos ciudadanos, quienes la reciben entre vitrores.
Una solución un tanto rápida e idealista, pero que sirve para reforzar la posición de Rhaenyra de no perder su moral mientras se siente en el trono de hierro.
No cabe duda que los fanáticos de Juego de Tronos recuerdan el potencial peligro en el que se puede convertir el alto septum, ejemplificado con el personaje del Alto Sparrow, que por poco tomo control de todo el reino.
Tendremos que esperar para ver como desenredan el entramado sociopolítico de Westeros donde es necesario tener la fe de su lado para gobernar.
Derecho al trono
Como varios televidentes esperaban, Daemon disfruta su posición en el poder, ejemplificado en el inicio del capítulo, cuando se le ve amenazando los lores bajo el mando de Ormund Hightower, forzándolos a jurar lealtad al nuevo reinado de Rhaenyra Thargaryen.
No solo esto, sino que captura al joven príncipe Daeron, hermano menor del otrora rey Aegon, para prevenir que este se posicione como un contendiente por el Trono de Hierro.
Hasta la fecha, Daeron es un personaje que ha aportado tan poco a la trama que los fans no deben sentir culpa en haberse olvidado de él, pero harían bien en no olvidar su nombre.
En el más clásico estilo de Juego de Tronos, la serie se guarda hasta el final la revelación de que el joven capturado, a pesar de tener cabello blanco, no es el príncipe Daeron.
Ahora Rhaenyra tiene que encontrar al rey prófugo, capturar al príncipe Daeron, solucionar la crisis económica, establecer lazos firmes con la iglesia y por si fuera poco, reparar su relación con Lord Corlys, cuyos hijos no han sido legitimados por la reina.
Las piezas están en su lugar, los jugadores cada vez se ven más claros en una temporada que hasta ahora, sobrevive a las expectativas que se cernían sobre ella, no solo con un gran guion y personajes, sino que llega a nuevas alturas en otros aspectos como el apartado musical.




