La fascinante civilización maya y sus misterios
Asombran por sus pirámides, escritura jeroglífica, sus calendarios y su desarrollo matemático

La civilización maya, una de las más fascinantes de Mesoamérica, surgió hacia el 2000 a. C. en territorios que hoy corresponden a México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Su desarrollo estuvo marcado por la agricultura del maíz, frijol y calabaza, que permitió la vida sedentaria y el surgimiento de aldeas que pronto se transformaron en ciudades con templos, plazas y observatorios. Entre los siglos III y IX d.C., los mayas alcanzaron su máximo esplendor. Ciudades como Tikal, Palenque, Copán y Calakmul se convirtieron en centros de poder político y religioso, con impresionantes pirámides escalonadas y palacios decorados con relieves. Su organización política se basaba en ciudades-Estado independientes, gobernadas por élites que combinaban autoridad militar y sacerdotal.
CREADORES DEL CERO
Los mayas destacaron por su sistema de escritura jeroglífica, el único plenamente desarrollado en América precolombina. Sus códices y estelas narraban genealogías, conquistas y rituales. En matemáticas, introdujeron el concepto del cero y elaboraron calendarios de gran precisión, capaces de predecir eclipses y ciclos agrícolas. La astronomía fue esencial en su cosmovisión, que vinculaba los movimientos celestes con la vida cotidiana y los rituales religiosos.
La religión maya era politeísta y se centraba en deidades relacionadas con la naturaleza, como el dios del maíz o el de la lluvia. Los sacrificios humanos, aunque no eran cotidianos, tenían un papel simbólico en la búsqueda de equilibrio entre los mundos terrenal y espiritual.
EL MITO DE SU DESAPARICIÓN
Tras el auge del periodo Clásico, muchas ciudades fueron abandonadas entre los siglos IX y X. Sequías prolongadas, conflictos internos y la sobreexplotación agrícola figuran entre las causas más aceptadas. Sin embargo, el mito de la “desaparición” maya es erróneo: la población no se extinguió, sino que se reconfiguró en nuevos centros como Chichén Itzá y Mayapán, y más tarde enfrentó la conquista española. Hoy, más de seis millones de personas en México y Centroamérica se identifican como mayas. Conservan sus lenguas, tradiciones y cosmovisión, demostrando que esta cultura no fue un capítulo cerrado, sino un legado vivo. La neurociencia de su escritura, la precisión de sus calendarios y la majestuosidad de sus ciudades siguen asombrando al mundo.

