De profesión: Papá. Historias de perseverancia, esfuerzo y amor por los niños que laten en el INSN Breña
Conozca la historia del “Chef de la Salsa”, quien al ritmo de la música elabora los alimentos de los pacientes hospitalizados y médico radiólogo que contribuye con los diagnósticos de los menores

Mientras algunos niños del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) de Breña luchan por recuperar su salud, junto a ellos hay cientos de trabajadores que dedican sus días a cuidarlos desde distintos frentes, entre ellos 631 padres de familia, de los cuales más de 200 son médicos. Detrás de cada consulta, de cada guardia médica, cada diagnóstico y cada alimento preparado, también hay historias de hombres que al terminar sus jornadas regresan a sus hogares para asumir el rol más importante de sus vidas: ser padres.
Uno de ellos es Marco Antonio Medina Tobar, chef de profesión y auxiliar de nutrición del Servicio de Nutrición y Dietética del INSN, quien inicia su día a día a las seis de la mañana con la preparación de los alimentos de los pequeños pacientes y adolescentes hospitalizados. “Tenemos pacientes con diferentes diagnósticos y debemos elaborar diversas dietas, desayunos y menús. Cada preparación tiene que tener productos nutritivos, balanceados para la recuperación de nuestros niños y lo hacemos con todo el amor y la dedicación”, sostiene muy emocionado.
Sin embargo, cuando termina su turno, muchas veces inicia una segunda jornada como cantante. En los escenarios es conocido como “El Chef de la Salsa”, nombre artístico que lo ha llevado a recorrer distintas ciudades del Perú y países de Europa. Ha tenido la oportunidad de compartir escenarios con referentes de la salsa como Oscar D’León, Tony Vega, Ray Sepúlveda y La India. En el INSN es muy querido y siempre que puede participa en las actividades internas deleitando a sus compañeros con su hermosa voz.
Si bien hoy combina la música con la cocina, su historia con el INSN comenzó mucho antes de convertirse en un servidor del INSN. Su madre laboró durante años en histórico centro pediátrico y, cuando era niño, lo dejaba en la cuna jardín de la institución. Décadas después regresó, pero ya no como un pequeño que esperaba el fin de la jornada de su mamá, sino como parte de una familia que trabaja cada día por el bienestar de los pacientes.
La música que corre por las venas de Medina Tobar lo heredó de su padre que fue cantante profesional y durante años trabajó en cruceros internacionales. Sin embargo, asegura que su papel más importante en su vida es ser padre.
La bendición más esperada
“El Chef de la Salsa” es padre de dos niños: Mía, quien fue una bendición largamente esperada, y Marquito. Antes del nacimiento de su hija, él y su esposa atravesaron la dolorosa pérdida de un bebé. Hoy se infla el pecho y se siente orgulloso de la familia que ha formado.
Cuando habla de sus hijos, las anécdotas aparecen de inmediato y su rostro refleja la inmensa felicidad. Recuerda a Mía acompañándolo en un concierto frente a miles de personas, cantando con naturalidad sobre el escenario, y a Marquito durante su ceremonia de graduación escolar. “Mi hijito estaba pequeño, se me acercó para agradecerme por estar presente. Es que mi trabajo es muy demandante”, dijo.
Su experiencia como padre también le ha permitido comprender mejor a los niños que reciben atención en el INSN. Por eso, cada plato tiene un significado especial. Aún recuerda a un paciente proveniente de Chincha que, por su cumpleaños, quería comer una carapulcra parecida a la que preparaban en su tierra. Marco hizo todo lo posible para satisfacerlo y así fue. También conserva el recuerdo de una niña que, antes de recibir el alta, elaboró un cartel para agradecer a los cocineros del hospital y lo mencionó con el nombre por el que hoy muchos lo conocen: “El Chef de la Salsa”.
Sueño cumplido
A varios pabellones de distancia del Servicio de Nutrición y Dietética, el médico radiólogo Robert calvo Villanueva, Coordinador del Servicio de Ecografía del Departamento de Diagnóstico por Imágenes, observa una realidad distinta, pero igual de desafiante. Labora hacer seis años en esta área especializada y a diario contribuye con el diagnóstico de enfermedades que afectan a los pacientes pediátricos. Como padre de familia, reconoce que cada historia que llega a su consultorio le deja una enseñanza.
Calvo, quien nació y creció en Huánuco, desde que tenia 5 años de edad repetía que quería ser médico. Con el tiempo descubrió que aquel sueño infantil tenía raíces más profundas de las que imaginaba: su padre también había abrazado ese anhelo, pero las limitaciones económicas le impidieron concretarlo.
Para cumplir su sueño, Robert Calvo, cuando era adolescente tomó la difícil decisión de dejar su hogar y mudarse solo a Huancayo para estudiar medicina. Fueron años de esfuerzo y sacrificio. Su padre siempre lo apoyó. Al final del camino hizo realidad su sueño y el de su progenitor.
El Dr. Calvo es padre de Roberto, Emiliano y Emilia, y asegura que la llegada de sus hijos transformó por completo su manera de entender la vida. La organización, la responsabilidad y la empatía dejaron de ser solo cualidades profesionales para convertirse en principios cotidianos.
Hoy desde el área de Ecografía del INSN ayuda a detectar enfermedades y orientar tratamientos para cientos de pacientes pediátricos. Al día realiza un promedio de 30 exámenes, entre niños citados y los que llegan al Servicio de Emergencia. Esa sensibilidad lo acompaña cada vez que conversa con una familia preocupada por el estado de salud de su hijo o cuando conoce historias que no siempre tienen el desenlace esperado. “Son momentos que me hacen recordar la importancia de la empatía y que me lleva a valorar aún más el tiempo de compartir con mis propios hijos”, afirma.
Las historias de Marco y Robert son el reflejo de los más de 500 padres de familia que trabajan en el INSN de Breña. Desde la cocina, consultorios, salas de hospitalización y áreas administrativas, todos comparten el mismo compromiso: cuidar a los niños como les gustaría que cuidaran a los suyos. Porque cuando se es padre, cada sonrisa, cada recuperación y cada alta médica también se siente un poco propia.
Y quizá por eso su trabajo va más allá de una función o una profesión. Porque detrás de cada uniforme hay un padre que comprende, acompaña y entrega lo mejor de sí con la misma dedicación con la que cuida a su propia familia.

