Opinión

Ni balas ni fusiles: El Estado genocida que mata retirando medicamentos

Por: Alicia Barco Andrade

En el imaginario colectivo, la palabra “genocidio” evoca campos de batalla o regímenes dictatoriales abriendo fuego contra su propia gente. Sin embargo, en el Perú de hoy, el exterminio ha mutado. No necesita pólvora; le basta con un sello de “agotado” en la farmacia de EsSalud y un sistema burocrático que contempla, con una frialdad criminal, cómo se apagan las vidas de quienes ya pagaron por su derecho a la salud.

La ejecución por omisión

Llamar a las cosas por su nombre es el primer paso para la justicia. Cuando el Estado peruano, a través de una gestión de EsSalud que parece más enfocada en el clientelismo que en la logística, permite que el abastecimiento de fármacos oncológicos o para enfermedades crónicas caiga por debajo del 70%, está tomando una decisión. No es incapacidad; es una sentencia.

Estamos ante un Estado genocida que no necesita fusiles porque tiene el desabastecimiento. Al retirar los medicamentos de los anaqueles, se retira el oxígeno a los pacientes. Cada día que un asegurado regresa a casa con las manos vacías, el Estado le está arrebatando semanas, meses o años de vida.

Las cifras de la infamia

La realidad es demoledora y se puede resumir en la aritmética del abandono:

El 9% confiscado: Cada trabajador aporta obligatoriamente una parte de su esfuerzo mensual. Ese dinero no es un regalo, es un contrato por la vida que el Estado rompe unilateralmente.

Gasto de bolsillo mortal: En el Perú, el gasto en medicamentos fuera del sistema público es uno de los más altos de la región. Quien no tiene dinero para la farmacia privada, simplemente muere en silencio.

Licitaciones en el limbo: Mientras miles de recetas son rechazadas diariamente, los procesos de compra se pierden en la ineficacia o en sospechas de corrupción que nadie sanciona.

El silencio que mata

La indignación en redes sociales, como el video que denunciaba la falta de insumos básicos, no es un exceso de retórica. Es la respuesta natural ante un sistema que ha normalizado la muerte evitable. La falta de insulina, de quimioterapias o de inmunosupresores es una forma de violencia sistémica que atenta contra grupos específicos: los enfermos y los ancianos, los más vulnerables de nuestra sociedad.

“Un Estado que recauda, pero no cura, que promete, pero desabastece, no es un Estado fallido; es un Estado agresor.”

No podemos seguir aceptando “problemas de gestión” como excusa para velorios prematuros. La crisis de EsSalud ha cruzado la línea de lo administrativo para entrar en el terreno de lo criminal. Si la salud es un derecho humano, entonces privar de ella sistemáticamente a una población es un crimen de lesa humanidad.

(*) Marketing 5.0 I Análisis Político Moderno I Humanización con Propósito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba