Opinión

El otro lado del mapa

Por: Rafael Velásquez Soriano

A menudo hablamos del Perú desde Lima, casi como si el país entero girara en torno a la capital. Pero la vida cotidiana que yo observo cuando salgo de Lima es otra. Existe un país paralelo donde las oportunidades no siempre llegan, donde el acceso a servicios básicos no está garantizado y la presencia del Estado es casi inexistente. Ese es el otro lado del mapa que muchos olvidan, pero que los candidatos al sillón de Pizarro deberían enfocar su campaña presidencial.

Las cifras oficiales nos ayudan a entender esa distancia. Según la ENAHO 2023 del INEI, la pobreza monetaria afectó al 29 % de la población peruana, con niveles que superan el 40 % en regiones como Cajamarca, Loreto, Apurímac y Puno. En tanto en Lima Metropolitana se registró 27,5 %, cifras que muestran que incluso en la capital muchas familias enfrentan condiciones económicas precarias.

Uno de cada tres peruanos vive con recursos insuficientes para cubrir lo mínimo necesario, y esa precariedad es mucho más intensa en el interior del país. Además, no tienen acceso a servicios básicos como agua, saneamiento, electricidad, telefonía móvil e Internet. La calidad de vida de muchos peruanos marca la diferencia en la educación de sus hijos, las oportunidades de trabajo, la salud familiar y la posibilidad de soñar con un futuro mejor. He estado en comunidades donde los jóvenes tienen que caminar media hora para conectarse al mundo, o donde los padres deben decidir si gastan en transporte para una consulta médica o compran víveres para la casa.

He oído a maestros decir que, pese a su vocación, la falta de infraestructura básica muchas veces los desmotiva. Esas experiencias no suelen aparecer en fichas técnicas, pero explican por qué muchos talentos se quedan en el camino.

Como peruano, me inquieta profundamente que nuestro desarrollo esté tan fragmentado. La concentración de servicios, oportunidades y decisiones en Lima no es solo una cuestión geográfica: es una brecha de desigualdad entre la población. Para muchos peruanos, “estar en Perú” no se siente igual si vives en la capital o en un departamento, porque las oportunidades son diferentes y eso no permite el desarrollo igualitario de nuestro país.

Creo que el próximo presidente del Perú debe acercar el Estado a las regiones, garantizar agua potable y educación digna, que cada familia tenga acceso a salud y conectividad, y que las decisiones de política pública nazcan del diálogo con las realidades locales. Gobernar es escuchar a aquel padre de familia que sueña con que su hijo no tenga que migrar para buscar oportunidades, y actuar para que ese sueño pueda ser realidad en su propio pueblo.

El otro lado del mapa no es solo una metáfora, es ese Perú que late con fuerza y que aún espera ser mirado con respeto. Reconocerlo no es un gesto de caridad, es asumir quiénes somos como país. Solo cuando entendamos que ese Perú también somos nosotros, podremos hablar de un verdadero desarrollo.

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima.

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