Opinión

Entre promesas y realidades

Por: Rafael Velásquez Soriano

Como ciudadano que he seguido de cerca los últimos procesos electorales, observo con atención el escenario que hoy se presenta en el Perú. Existen muchos partidos políticos que buscan gobernar el país y, aunque los rostros cambian, lamentablemente las promesas suelen repetirse. Por eso considero que ha llegado el momento de mirar menos a las personas y más a las propuestas, porque es allí donde realmente se juega nuestro futuro.

Muchos planes de gobierno apuntan a reactivar la economía, generar empleo y atraer inversiones, algunos asignando esa responsabilidad principalmente al Estado y otros a la iniciativa privada. Como peruano, creo que cualquier plan teamiento serio debe apostar por un trabajo articulado, donde se promueva la inversión sin descuidar la justicia social, para que el crecimiento no sea solo una cifra, sino una mejora real en la vida de los peruanos.

En materia de salud, casi todos coinciden en la urgencia de reformar un sistema que sigue siendo frágil. Se habla de hospitales, de aseguramiento universal y de modernización, pero pocas veces se profundiza en la gestión, en la prevención y en el fortalecimiento del primer nivel de atención. No basta con anunciar gran des obras si no existe un plan claro para administrarlas con eficiencia y trans parencia.

En educación, abundan los discursos sobre calidad y acceso. Sin embargo, siguen faltando propuestas concretas sobre la formación docente, la infraestructura digna en las regiones y la conexión real entre educación y empleo. Un país no se desarrolla solo con buenas intenciones, sino con políticas públicas sostenidas que formen ciudadanos libres y productivos.

También escucho promesas sobre lucha contra la corrupción y fortalecimien to institucional. Pero conversando con la gente, uno siente que la confianza se ha ido perdiendo, y no es solo una percepción. Según una encuesta de Datum Internacional, el 63 % de peruanos no confía en la transparencia de institucio nes como el JNE, la ONPE y el RENIEC, precisamente las llamadas a garantizar elecciones limpias. Esta realidad nos habla de una profunda crisis que el próximo gobierno no deberá ignorar.

Además, muchas propuestas parecen aisladas, como si los problemas del Perú no estuvieran conectados entre sí. El nuevo presidente deberá promover un tra bajo articulado entre sectores, niveles de gobierno, empresas y sociedad civil. Sin coordinación, cualquier plan, por más ambicioso que sea, corre el riesgo de quedarse en el papel.

Como elector, no espero soluciones mágicas, sino coherencia en las propuestas y un rumbo claro y definido. Anhelo ideas que expliquen no solo qué se quiere hacer, sino cómo se hará, con qué recursos y en cuánto tiempo. Nuestro país necesita menos eslóganes y más proyectos que se conviertan en realidades, espe cialmente para beneficiar a los peruanos que más lo necesitan.

Por eso invito a todos a leer, comparar y reflexionar. No olvidemos que más allá de los símbolos, banderas y colores, están las ideas. Y serán esas ideas las que definirán si seguimos repitiendo errores o si empezamos a construir el Perú que merecemos. A votar con conciencia este 12 de abril.

(*) Contador Público, abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima.

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