El Estado es un pésimo comprador…y peor contratante
Por: Fernando Cillóniz Benavides

Todo el mundo sabe que el Estado es un mal comprador y un pésimo contratante. Los procesos de compras y contrataciones estatales están plagados de vicios, sobrevaluaciones, sobornos y demás irregularidades. Todas las instituciones, nacionales e internacionales, que han analizado el tema llegaron a la misma conclusión: las políticas, los procedimientos, la proliferación de organismos públicos y los funcionarios involucrados en dichos procesos están mal.
Además de estar mal estructurado, el sistema es ineficiente, obsoleto, engorroso y, lo que es peor, promueve la corrupción. Varios puntos del PBI terminan en cuentas personales de facinerosos que nos roban de manera descarada y sistemática a todos los peruanos. No solo se roban dinero. Los servicios públicos devienen en deplorables: hospitales inoperativos, equipos médicos obsoletos, medicamentos vencidos, colas interminables, carreteras destrozadas, puentes inservibles, represas inacabadas, ciegos con brevetes y una pésima educación pública.
En resumen, corrupción, despilfarro y maltrato. El problema se mide en miles de millones, es decir, billones. Sea en soles, dólares o euros, hablamos de un caudal inmenso de dinero. Todos los días, meses y años, la corrupción se llena de plata a costa de los peruanos. Los números y opiniones que siguen provienen de un reporte elaborado por el Banco Mundial (Reporte No. ACS22743), solicitado por el MEF.
¿Qué dice el informe? Que en la compra de vehículos, cemento y combustibles está la gran estafa. El Banco Mundial, por diplomacia, guarda las formas, pero nosotros no: al pan, pan y al vino, vino. La proliferación de “Unidades Ejecutoras” ha generado una gran dispersión de precios por el mismo bien o servicio, incluso cuando se compra al mismo proveedor.
¡Pongan atención a lo que viene a continuación! Los precios de cemento adquirido por diferentes organismos gubernamentales varían en 350%. Lo que unos compran a 100, otros lo pagan a 350. ¡Qué tales choros! Los precios de vehículos sedán varían en 600%. Un automóvil que cuesta US$ 15,000, algunos lo adquieren a US$ 90,000. Peor aún, tres cuartas partes de los procesos de compras y contrataciones del Estado tienen un solo licitador. El Estado cuenta con alrededor de tres mil entidades compradoras.
Salvo contadas excepciones, cada una es más corrupta e ineficiente que la otra. Surge entonces la pregunta: ¿por qué no se digitalizan los procesos de compras y contrataciones del Estado? ¿Por qué no se encarga a Perú Compras la función de adquirir para todas las instituciones públicas? Si Perú Compras existe y conoce del tema, ¿por qué no se toma al toro por las astas y se soluciona el problema? Más claro ni el agua: el Gobierno no está interesado en combatir la corrupción.
Lo mismo puede decirse de los gobiernos anteriores. Todo el discurso anticorrupción es puro floro. No hay voluntad política para enfrentar el problema. Mientras no se digitalicen los procesos de compras y contrataciones del Estado, la corrupción seguirá suelta en plaza.
(*) Exgobernador regional de Ica.

