
Hace 153 años, un día como hoy, cuatro mil “curiosos” asistieron a las improvisadas graderías ubicadas al lado del campo Hamilton Crescent, perteneciente al “West of Scotland Cricket Club”, en el barrio de Partick de Glasgow, Escocia, a apreciar el primer partido internacional entre dos selecciones nacionales de un nuevo deporte creado apenas nueve años antes cuando la Football Association (fundada el 26 de octubre de 1863) estableciera las primeras reglas oficiales del fútbol moderno (la FIFA se fundó el 21 de mayo de 1904).
En aquel frío día de finales del otoño de Glasgow, con el enfrentamiento de las selecciones de Escocia e Inglaterra, se dio inicio a las competencias internacionales del que se convertiría en el deporte rey que moviliza a millones de aficionados alrededor del mundo (acabamos de ver en nuestra capital a miles de aficionados brasileños que vinieron a ver la final de la Copa Libertadores) y también millones de dólares. Se ha llegado a decir que el fútbol es lo más importante de lo menos importante.
Previo a dicho partido, ambas selecciones se habían enfrentado cinco veces en Londres, Inglaterra, con la particularidad que los dos equipos habían sido escogidos por los ingleses. Los escoceses seleccionados por los ingleses vivían en Londres, motivo por el cual no es considerado como un partido internacional.
Para el encuentro disputado en Glasgow, el 30 de noviembre de 1872 (día de San Andrés, patrono de Escocia), Escocia presentó a los 11 jugadores del Queen’s Park FC (equipo fundado en 1867 y que actualmente juega en la segunda división del fútbol escoces) e Inglaterra seleccionó jugadores de nueve clubes. Los escoceses emplearon como sistema el 2-2-6 y los ingleses el 1-2-7. No estuvo permitido realizar cambios. Las camisetas de los escoceses fueron azul oscuro con un león en el escudo y los ingleses jugaron con camiseta blanca con tres leones en el pecho. Uniformes que siguen vigentes.
A pesar de contar con formaciones netamente ofensivas el encuentro terminó 0–0. Claro que el resultado del partido es lo menos importante. Lo trascendental es haber puesto las bases para la consolidación universal de un deporte que solo se jugaba a nivel local.
La rivalidad entre Inglaterra y Escocia comenzó aquella tarde en Glasgow, sentando las bases de lo que el escritor escocés Robert Louis Stevenson describiría años después como “una forma de odiarse sin hacerse daño”.
El legado de aquel lejano partido está presente cada vez que dos selecciones se enfrentan en un Mundial, una Eurocopa, un Sudamericano, una Copa Africana o cualquier competencia internacional. Fue allí, en Glasgow, donde el fútbol dejó de ser un simple juego local para convertirse en un fenómeno global capaz de unir o dividir naciones.
(*) Periodista deportivo

