La función “Inteligencia de Estado”: una debilidad crítica de máxima prioridad
Por: Juan Carlos Liendo O’Connor

En la última publicación de investigación del diario Perú21 del domingo 23 de noviembre, y en una entrevista en RPP en el programa “Las Cosas Como Son” al Sr. almirante presidente de la Comisión de Inteligencia del Congreso de la República (ver enlaces al final), se puede apreciar claramente la dramática situación de la “Inteligencia Nacional” como función de Estado.
La Inteligencia Nacional como Función de Estado se refiere en forma exclusiva a la gestión de los asuntos secretos de los intereses vitales y permanentes del Estado para la Defensa, Seguridad Nacional y las Relaciones Exteriores al servicio de la Toma de Decisiones.
Estos principios fueron establecidos en el país en enero de 1960 con la fundación del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA), a partir de la organización del Sistema de Inteligencia del Ejército instituido en 1958-59. En su desarrollo ha tenido singular protagonismo, principalmente al interior de los Servicios de Inteligencia de las FFAA; pero recién entre 1990-2000 alcanzó su máxima eficacia y alcance de funcionamiento técnico y de dirección política centralizada.
En los últimos 25 años la Función Inteligencia de Estado se ha desnaturalizado, adquiriendo un carácter “policial” incompatible con su naturaleza. Una simple comparación con cualquier país serio lo evidencia de inmediato. La función policial se centra doctrinaria y constitucionalmente en la prevención e investigación del Orden Público e Interno para garantizar las leyes. Nada más alejado de los principios de la función inteligencia.
Resultado: Orden Público y Orden Interno en caos, sobrepasado por la delincuencia y el crimen; Seguridad y Defensa Nacional en debilidad significativa; Relaciones Exteriores en permanente drama.
Los detalles descritos en la publicación y entrevista señalada grafican claramente lo señalado en los párrafos anteriores; y si a ello añadimos el desconocimiento generalizado de los fundamentos de la Función Inteligencia en los niveles políticos más altos de la toma de decisiones en Defensa, Seguridad Nacional y de la conducción de las Relaciones Exteriores del país, el cuadro más gráfico lo tendríamos en el nivel de “Tragedia”.
Las elecciones 2026 pueden constituir un espacio para trabajar y subsanar esta dramática situación nacional, porque la imprescindible necesidad del conocimiento previo para la toma de decisiones de Estado no puede seguir anulada por la continua desnaturalización de la Función Inteligencia de Estado.
(*) Exdirector Nacional de Inteligencia.