La marcha convocada por la denominada “Generación Z” es una expresión legítima de protesta frente al caos moral y el desorden político que atraviesa el país. Es saludable que los jóvenes reclamen cambios, transparencia y el fin de la corrupción.
Pero cuando esas manifestaciones derivan en actos vandálicos y enfrentamientos, el verdadero mensaje ciudadano se pierde, y quienes buscan un Perú mejor terminan siendo utilizados por grupos radicales.
No es la primera vez que se detectan infiltraciones de elementos subversivos en marchas de aparente signo democrático. En movilizaciones recientes se repite un patrón: núcleos organizados, con financiamiento y tácticas propias de extremistas, provocan ataques contra la policía, destruyen bienes públicos y privados, y luego buscan posicionarse mediáticamente como víctimas. Esa táctica debe ser desenmascarada sin tibiezas.
Recordemos que las grandes movilizaciones contra el gobierno de Pedro Castillo fueron, en su mayoría, pacíficas y cívicas. Esa diferencia no es casual: entonces existió un propósito claro y una vigilancia ciudadana que impedía el secuestro por parte del extremismo. Hoy observamos improvisación y falta de liderazgo responsable, condiciones que facilitan la acción de los violentistas.
Además, la respuesta policial demuestra insuficiente preparación y estrategia. Se conoce ya el modus operandi de estos grupos, pero no hay protocolos efectivos para identificar y aislar a los agitadores sin criminalizar al manifestante pacífico. La seguridad no se resuelve solo con orden público reactivo; requiere planificación, inteligencia y coordinación interinstitucional.
Perú Acción mantiene una postura firme: rechazamos la violencia, venga de donde venga, y defendemos el derecho a la protesta pacífica como pilar democrático. Nos oponemos claramente al gobierno de Jeri, cuya fragilidad política agrava la crisis; pero exigimos que, dentro de sus limitadas capacidades, cumpla dos obligaciones esenciales: enfrentar decididamente la inseguridad ciudadana y garantizar elecciones limpias y transparentes.
Nuestra patria necesita una Revolución Pacífica que traiga renovación ética, justicia, seguridad y orden moral.
(*) Presidente de Perú Acción.
(*) Presidente del Consejo por la Paz.




