Opinión

La OEA y la internacionalización del conflicto político

Por: Ángel Delgado Silva

Hay que decirlo enfáticamente, con firmeza y sin rubor. El arribo del Grupo de Alto Nivel acordado por el Consejo Permanente de la OEA, trastocará la escena política nacional de los últimos quince meses. No nos gusta. No es conveniente para la causa republicana. Pero ahí está el hecho; tan objetivo como lamentable.

Sin duda, el conflicto político entablado no desaparecerá. Mas lo que ha sido un baile de dos, tendrá un tercer actor internacional. La confrontación adquirirá, entonces, nuevas características y reglas propias. Metafóricamente asistiremos al trasiego del futbol bravo y callejero hacia un partido en estadio, con arbitraje y espectadores extranjeros.

Ciertamente, no caben ingenuidades. Bajo la apariencia de una mediación imparcial, la portátil diplomática de Castillo (Forsyth, Rodríguez Cuadros, Landa) ha logrado, en lo inmediato, poner el frente externo al servicio de su jefe. Y es de suponer que los comisionados de la OEA, soterradamente, apuesten por régimen corrupto. Utilizarán para ello, el discurso melifluo e hipócrita de la “estabilidad constitucional” y la “preservación de la democracia”. Cosa que jamás veremos en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Cuba; claro está.

¿Cómo arribamos a esta deplorable situación?. Sin mezquinar la habilidad de los alfiles del poder de turno, grave responsabilidad le alcanza a la oposición democrática, que controla el Parlamento. No pudieron convertir el amplio repudio popular –por la pésima gestión y la inmoralidad manifiesta– en una mayoría capaz de vacar a Pedro Castillo. Y esta impotencia originaria fue disfrazada con gritos destemplados o gestos de alharaca, que producían “más ruido que nueces”. Una oposición infecunda e inofensiva, a la postre funcional con el Gobierno infame. Por eso su repudio increíblemente supera al del vilipendiado mandatario.

Pero el error más grave de la oposición fue colgarse de las faldas de la Fiscal de la Nación, intentando esconder su nula capacidad. Ello, en vez de conseguir votos o adelantar las elecciones y reducir los mandatos, para librar al país de la acuciante pesadilla. No reparan que así politizan la justicia, endiosando a jueces, fiscales y policías (hace poco cuestionables), convirtiéndolos en “vanguardia de la lucha democrática”, con marchas de apoyo incluidas. Ni ven como nutren de argumentos a los enemigos del país, facilitando su empeño de victimizarse.

Creyeron que la denuncia de la Fiscalía solucionaría todo y a corto plazo. ¡Craso error! Cada día transcurrido desvanece la ilusión y el ánimo decae. Tanta inseguridad los ha llevado a consultar al Tribunal Constitucional; quien le ha tirado la puerta en la cara. ¿Con tanta duda y vacilación podrán los “padres de la patria” destituir a un jefe de Estado? Es tiempo de sinceramiento y dejar de engañar al país, con falsas expectativas.

(*) Constitucionalista

(*) La empresa no se responsabiliza por los artículos firmados.

Artículos relacionados

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Back to top button