Opinión

Golpes de estado en el siglo XXI

Por: Víctor A. García Belaunde

Atrás han quedado los golpes de estado con tanques, tropas y balas, donde un iluminado imponía su voluntad pisoteando el orden constitucional. En lo que va del presente siglo hemos visto cómo las sociedades son manipuladas con el propósito de vulnerar el sistema, un ejemplo claro es el golpe de estado de Martín Vizcarra al cerrar el Congreso porque ese poder del Estado le denegó la confianza sobre un proyecto de ley que refería a la elección de los miembros del Tribunal Constitucional.

Vizcarra cierra el Congreso cuando se había preparado a la población desacreditando al Legislativo (sumado a las conductas de algunos congresistas que lograron ese objetivo) y con la ayuda de alguna prensa y los llamados “influencer” que asesoraban vía Twitter aseguraban que no era necesario sacar tanques, porque la policía se daba abasto para desalojar a los congresistas del Palacio Legislativo; sin ningún plan y con improvisación Vizcarra gobierna con decretos de urgencia durante 5 meses y 15 días, como cualquier dictador usa los decretos leyes.

Todo esto fue validado en mayoría por un Tribunal Constitucional que le limpió la cara a esta neo dictadura estableciendo que el Congreso le denegó la confianza al Ejecutivo “fácticamente”, y con malabares lingüísticos y relativizando términos jurídicos destruyeron los cimientos de la legalidad. Y cuando Vizcarra fue vacado constitucionalmente no faltaron las mismas voces que definieron a la sucesión presidencial como un golpe de estado promovido por el Congreso.

Lo hecho por Vizcarra y sus seguidores funcionó por un tiempo, logró eliminar un Congreso que estaba investigándolo a él y a su familia por su empresa “C y M Vizcarra SAC Ingenieros Contratistas” y en el consorcio CONIRSA junto a Odebrecht y Graña y Montero, esta última empresa le dio a Vizcarra y a su hermano César amplios poderes de representación. El factor familiar impulsó a Vizcarra como Fujimori en el autogolpe de 1992 cuando su familia estaba investigada por el Congreso en el escándalo de la ropa donada.

Después de estos sucesos ocurrieron en América Latina dos situaciones que intentaron romper la continuidad democrática del Perú y Bolivia, el autogolpe fallido de Pedro Castillo el 7/12/2022 y casi con las mismas características el intento de autogolpe de Luis Arce el 26/6/2024.

Pedro Castillo al ver a Salatiel Marrufo que lo delataba por recibir dinero y favorecer a su familia con importes mensuales, se sintió descubierto y en forma patética y temblorosa emite un mensaje a la nación calcando las medidas que tomó Fujimori en 1992. Lo hecho por Castillo no fue más que una medida bufonesca y decide refugiarse en la embajada de México siendo capturado en el camino y llevado preso para luego ser vacado por incapacidad, conducta que se había consolidado durante todo su desgobierno.

En Bolivia el general Juan José Zúñiga toma la plaza Murillo antigua sede del poder Ejecutivo y con un vehículo blindado rompe una reja del Palacio Quemado.

Zúñiga manifestó que actuó bajo las órdenes del presidente Luis Arce para acrecentar su popularidad; y cuando se televisó el “enfrentamiento” del presidente Arce con el general Zúñiga las mismas fuentes bolivianas lo presentan como algo orquestado, simulado o de libreto mal hecho.

Esto se sintetiza en que la ejecución de un golpe de estado como lo hizo Vizcarra se contó con el apoyo de actores políticos que estuvieron de acuerdo en concentrar el poder en una persona para lograr fines personales o de grupo; resultó popular al inicio, pero conforme se desarrollaron los acontecimientos el descrédito se convirtió en vergüenza. Lo otro: la tramoya, el circo y la incapacidad primero fue escándalo y después un baldón a nuestras instituciones.

(*) Excongresista

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