Opinión

El ejemplo de los japoneses

Por: Martín Valdivia Rodríguez

El mundo es un abanico de contrastes, de diferencias y de contradicciones. De virtudes y defectos, de aciertos y fracasos, de acciones honradas y deshonestas. A diferencia de los animales, el ser humano tiene la capacidad de perfeccionarse también en los aspectos relacionados con la cultura. Cuando vemos a los hinchas japoneses, luego del triunfo de su selección sobre Alemania en Catar, recoger la basura de las graderías en el estadio o celebrar con algarabía en las calles, pero respetando las luces del semáforo para no interrumpir el tránsito vehicular, confirmamos que la civilización está evolucionando. Sin embargo, esa evolución no es homogénea en todo el mundo.

Una vez más, los medios de países de América y Europa, principalmente, transmiten con asombro y admiración las imágenes de los japoneses con sus bolsas, recogiendo botellas de gaseosas, papeles y envolturas de golosinas en las tribunas del estadio. Si la evolución cultural fuera más homogénea, si verdaderamente se siguiera ese buen ejemplo, la escena de los barristas japoneses ya no fuera noticia. O al menos se destacaría en las transmisiones algo así como “antes, nosotros no hacíamos esto, dejábamos tirada la basura y no nos importaba”. Pero, no, la disciplina y el respeto por los valores de los japoneses sigue pareciéndonos algo raro, curioso y anecdótico, no nos dignamos a decidir cambiar de una buena vez y actuar como ellos.

Cuando llegan a Lima cantantes internacionales para ofrecer sus shows en el Estadio Nacional u otros escenarios, abundan las estafas con las entradas falsas y miles de personas se “zampan” luego de burlar los mecanismos de control y hasta trepando muros o enrejados. En las redes difunden estas imágenes y muchos elogian la “habilidad criolla”, la “destreza de calle” y las dotes de “Pepe, el vivo” de esas personas, cuando en realidad son delincuentes y su actitud es completamente reprochable. Lo mismo ocurre en otros países de la región, como Colombia y Chile.

Pero no hay que perder las esperanzas. Ojalá algún día aprendamos de la disciplina y la honradez de culturas como la japonesa, que hace que, en los buses o trenes, si alguien olvida su celular o billetera, ninguno de los demás pasajeros lo coge ni dice “me lo encontré”. Porque no hay nada mejor que vivir tranquilo con su conciencia, llevando una vida guiada por los valores, como el respeto, la honestidad y tantos otros. Ojalá.

La Noticia

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