Opinión

El circo en su esplendor

Por: Antero Flores-Araoz

Hace muchísimos años, durante el mes de julio y debido al largo feriado conmemorativo de las Fiestas Patrias, llegaban reputados circos no solo a la capital limeña, sino también a infinidad de ciudades en nuestro Perú. Estos circos eran el deleite tanto para los niños como para las niñas, sin necesidad de recurrir al absurdo lenguaje inclusivo que intentó sustituir al Diccionario de la RAE.

En aquellos circos, era común ver animales realizando piruetas, malabaristas de calidad, trapecistas arriesgados y bandas de música a alto volumen. Pero sobre todo, los payasos, los buenos payasos, eran los que hacían reír sin causar pena.

Sin embargo, en la actualidad, los circos han desaparecido casi por completo. El deleite de los niños se ha transformado en indignación por parte de los adultos. Parecería que los payasos han cambiado de escenario: ahora se encuentran en los lugares donde actúan las altas autoridades de la República, aunque hay honrosas excepciones.

Hemos visto a un conocido pero no apreciado fiscal llegar a un Tribunal de Justicia con chaleco antibalas, cuando las balas de verborrea y fuegos artificiales, prácticamente eran su exclusividad.

También hemos observado a aduladores y “waykis” empeñados en recibir apoyo en las altas esferas gubernamentales, gracias a costosos obsequios. Por supuesto, es risible sugerir que estos obsequios eran préstamos.

Las peleas entre representantes de instituciones públicas no se quedan atrás. A veces causan hilaridad, pero en muchas ocasiones generan enorme rabia entre los ciudadanos espectadores.

Los despidos de funcionarios de alto nivel en la escala pública tampoco son infrecuentes, al igual que sus reposiciones, solo para ser nuevamente despedidos y recurrir a la judicatura para insistir en sus pretensiones.

Las inhabilitaciones son frecuentísimas al igual que sus anulaciones y, el intento de hacer pasar graves delitos de violación de menores como “costumbres” ancestrales, es imaginar que somos bobos los asistentes a este circo generalizado, pero sin pagar boleto de entrada.

En el colmo de la desfachatez, hemos visto al cónyuge de una ex candidata presidencial dar declaraciones a la prensa como un divo y en arrumacos con una mujer que bien podría haber sido su hija por la diferencia de edad, sin ningún respeto hacia quienes sí son sus hijas.

La laxitud en los feriados patrióticos se ha adelantado, y ante nuevas intromisiones del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en lo que son facultades exclusivas y excluyentes de las autoridades nacionales, estas últimas han permanecido en silencio.

El verdadero circo debe regresar para el disfrute tanto de niños como de adultos, y nunca más ser sustituido por lo que algunos creen que es humor, cuando en realidad se asemeja más a lo tragicómico

(*) Expresidente del Consejo de Ministros

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

Artículos relacionados

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Back to top button